Necrológicas
  • José Miguel Bahamonde Bahamonde
  • Danilo Heriberto Passeron Callahan
  • Juan Hilario Ruiz Muñoz
  • Enrique Ulloa Velásquez
  • Víctor José Delgado Flores
  • Isabel Barrientos Barría

El fútbol ya no es espectáculo

Es penoso constatar que los guardias de los estadios, esos rostros anónimos del fútbol, conviven entre la tranquilidad y la violencia, desarmados y tan asustados como perro en bote.
[…]

Por Jorge Abasolo lunes 10 de agosto del 2015

Compartir esta noticia
90
Visitas

Es penoso constatar que los guardias de los estadios, esos rostros anónimos del fútbol, conviven entre la tranquilidad y la violencia, desarmados y tan asustados como perro en bote.

La violencia social callejera -infrecuente pero siempre peligrosa- se ha trasladado a los estadios -de modo permanente- y la fiesta del fútbol ha devenido en una guerra donde “el todo vale” se ha apropiado de la calma mínima para gozar de un cotejo de balompié. Se sabe muy bien, de acuerdo con datos proporcionados por la investigación mundial, probados empírica y estadísticamente, que tanto la drogadicción y el comportamiento violento, como la depresión y las sorprendentes tasas de suicidio, especialmente entre la gente joven, provienen de la sensación de falta de sentido de la vida y de lo que los expertos denominan “el vacío existencial”, que transforma al ser humano en cernícalo o un poluto a secas.

La sociedad contemporánea operó siempre de este modo, con una cuota de violencia inusitada, pero siempre controlable.

No obstante, la cruda realidad del presente ha sobrepasado todo límite.

Hace veinte años no existía la advertencia que rezaba: “Partido de alto riesgo”.

Eso hoy día solamente no rige para partidos entre Fatucen vs/ Arrieta Guindos, donde -con suerte- concurren los jugadores.

Antes, no se requería un contingente tan alto de policías para contener la furia de barras que no pasaban más allá del grito destemplado, estridente y el correspondiente recordatorio de la madre del señor árbitro.

¡Inocencia pura si contrastamos esa realidad con la actual!

Los padres llevaban orgullosos a sus hijos para que vieran en vivo y en directo a sus íconos irremplazables. A la salida, esos padres esperaban que los jugadores salieran del estadio para que dejaran estampados sus autógrafos en la libreta que el chico llevaba como garantía de haber compartido un par de minutos con su ídolo.

Hoy, los jugadores salen por otro carril, no mantienen contacto con la gente y la salida del estadio no garantiza el retorno a la normalidad. Al contrario, puede ser fuente de mayor violencia aún.

Por eso -reitero- el fútbol ya no es espectáculo. Ha dejado de ser una fiesta y asistir a un partido de esos llamados clásicos, puede convertirse en una incursión de turismo aventura, pero con el riesgo llevado a su máxima expresión.

A la hora de buscar responsabilidades, éstas son compartidas, aunque la mayor recae en los simpatizantes de los clubes, que de hinchas han pasado a ser energúmenos de un festín donde el grito ha sido reemplazado por el insulto; y el tambor para avivar al equipo predilecto, sirve ahora para esconder drogas, armas blancas y una alta dosis de alcohol.

¿No será el momento de imitar los ejemplos de países europeos, que pudieron neutralizar las bravuconadas con medidas de represión que vayan más allá que el simple hecho de detectar a los antisociales que mancillan lo que debiera ser una fiesta de sana algarabía?

En este sentido hay que adaptar (no adoptar) el ejemplo de Europa.

Muchas propuestas hay en este sentido. Permítanme solamente dos:

1. El gobierno debe introducir leyes para garantizar que los actos violentos en los partidos de fútbol sean considerados un delito. En algunos casos, en Chile han fallado los modos probatorios.

2. Una campaña como Estadio Seguro sólo puede ser exitosa si existe una estrecha colaboración entre la ANFP, las autoridades de gobierno y la policía. Lamentablemente en Chile la coordinación aún es cuestionada por algunos sectores.

Si no actuamos a tiempo -insisto- el fútbol dejará de ser un espectáculo, saldrá de las hojas del suplemento deportivo para instalarse en las páginas policiales.