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El importante rol que cumplimos como padres en la educación de nuestros hijos

Por La Prensa Austral lunes 16 de abril del 2018

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Hace poco más de un mes se dio inicio al año escolar en los diferentes niveles que forman el sistema educativo chileno. Vimos a padres llenos de emoción y de expectativas por el futuro de sus hijos, en el primer día de clases de pre básica y básica. Por otro lado, jóvenes de 4° medio que comenzaban su último año, llenos de dudas e inquietudes, de cara a lo que se les avecina en corto tiempo, donde deberán comenzar a tomar decisiones importantes que marcarán el inicio de su transición hacia la adultez.

Algo similar sucedió con quienes iniciaron la educación superior: técnica, profesional o universitaria, siendo para muchos de ellos y sus familias -y me permito utilizar un lugar común-, la primera generación en ingresar a la universidad. Y es que, acceder a la educación superior dejó de ser un tema complejo e inalcanzable, como lo era hace unos años atrás. Hoy, existen becas y beneficios que han acortado las brechas entre los diferentes sectores socioeconómicos, permitiendo el acceso, casi universal a las aulas y es más frecuente escuchar aseveraciones tales como “hoy el que quiere puede estudiar”. No obstante, en la actualidad otros factores dificultan la posibilidad de ingresar a la educación superior, de mantenerse, avanzar y llegar a la obtención del tan preciado título profesional.

Para contextualizar, recordemos que, en diciembre de 2017, la Agencia de Calidad de la Educación, dio a conocer los resultados del Estudio Internacional de Lectura Pirls, donde cuatro de cada diez niños de cuarto básico, no entienden lo que leen. Esta cifra es alarmante, dado que la comprensión lectora más allá de decodificar letras y signos, afecta el entendimiento y la posibilidad de expresar el mundo en que cada uno de nosotros está inserto. 

El mismo informe agrega que “éste no sólo es un problema del sistema escolar, es de los adultos en general”. La educación superior recibe hoy en día, estudiantes que no son capaces de entender indicaciones simples, tienen dificultades para resolver problemas matemáticos -no porque no manejen la operatoria, sino porque no entienden lo que están leyendo- , y que se frustran al recibir sus primeras calificaciones. Y, al no poder externalizar o verbalizar lo que les sucede con estos primeros fracasos, la opción de dejar la enseñanza superior se comienza a visualizar como una posibilidad real.

Es por eso que debemos ser conscientes del importante rol que cumplimos como adultos y como padres de los niños que fuimos a dejar, llenos de ilusiones al colegio, ese primer día de marzo. Porque desde ese día, ellos comenzaron a cimentar la ruta hacia a la educación superior. Las acciones sencillas que podamos generar para favorecer su comprensión lectora, marcarán una diferencia en sus vidas de adolescentes, jóvenes y adultos, y en su capacidad de comprender el propio mundo y el del otro. A través de la lectura de sus emociones, no de emoticones; de mirar el mundo en vivo y en directo -con efectos superiores al mejor cine 4D- y no a través de una pantalla; tomando conciencia de los sonidos, de la luz del día, de la brisa y de la temperatura exterior; conectándose a través del mundo, de las emociones propias y de quienes los rodean. Nada de esto es nuevo. Es el principio primario de la educación, encontrarse en el otro y trascender. Si somos capaces de verbalizar nuestros sentimientos y de plasmar en palabras nuestras expectativas, nuestras acciones generarán sentido y efectividad en nuestros hijos, cuando en un futuro no muy lejano, un primer día de marzo, los dejemos en la puerta de la universidad.