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El Papa en el banquillo

Por Abraham Santibáñez sábado 8 de septiembre del 2018
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En 2013, cuando lo designó la “persona del año”, Time explicó que la voz del Papa Francisco, “irrumpió en medio del ruido de un año ruidoso”. El jesuita argentino Jorge Bergoglio, elegido en marzo de ese año, partió su pontificado haciendo un llamado de atención acerca de los que calificó como problemas que se ignoran porque a todos nos parecen que son problemas de “los otros”.

En el momento de su elección, la misma revista planteó que sus principales desafíos eran “el escándalo de los abusos sexuales de los sacerdotes; la reforma de las finanzas del Vaticano, manejadas por una burocracia generada en la Edad Media, y la división del rebaño, entre los liberales de Europa y Estados Unidos y los conservadores de Africa y Asia…”. No incluyó Time los eventuales problemas provenientes de América Latina, su continente natal. Sí señaló que “al revés de algunos cataclísmicos problemas del pasado, estos son internos”. En otras palabras, serios, pero con poca proyección hacia afuera.

Ahora sabemos que los problemas son extraordinariamente graves casi una bomba de racimo de alcance mundial. La agudización de las tensiones se convirtió en un debate público. En agosto, el FBI informó que 300 sacerdotes abusaron de cientos de niños en Pensilvania. El Papa reaccionó “con vergüenza y arrepentimiento” por “que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”.

Un hecho crucial es que los laicos han sido protagonistas de una dura rebelión. Lo han hecho desde Osorno y otros lugares de nuestro país y desde diversos puntos del mundo, incluyendo la tradicionalmente católica Irlanda. Pero, sobre todo, la rebelión ha llegado al corazón de la jerarquía.

La carta denuncia del ex nuncio Carlo María Viganó saltó a los titulares de todo el mundo. Acusa al Papa de “encubrimiento de abusos sexuales”, el delito por el cual están en candelero sacerdotes y obispos en todo el mundo a los cuales el mismo Papa ha fustigado.

Esta no es la primera crisis en la historia de la Iglesia Católica. Pero, como señaló el cardenal portugués, António dos Santos Marto, esta “campaña de ultraconservadores para herir al Papa” no tiene precedentes.

En apoyo de Francisco se han manifestado sectores católicos de todo el mundo. El lunes de la semana pasada, la Conferencia Episcopal de Chile le envió una carta en la que le expresan su “cercanía y fidelidad” en momentos en que “está recibiendo injustos ataques como consecuencia de imprudentes apreciaciones e injustas imputaciones por parte de miembros de la misma Iglesia”.

Quienes suscriben la misiva pusieron sus cargos a disposición del Papa en mayo pasado tras ser citados de emergencia a Roma. De las 34 renuncias, hasta ahora sólo cinco han sido aceptadas, aparte de la incómoda situación en que se encuentra el arzobispo de Santiago, Cardenal Ezzati, quien no presidirá el Te Deum de Fiestas Patrias.

La confusión imperante hace temer que la división entre progresistas y conservadores, enclavados en la Curia Romana, entró en una etapa de impredecibles consecuencias.

El análisis de Time en 2013 quedó lamentablemente corto. Aunque parezca exagerado, ya hay quienes hablan de cisma.