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El Rodeo: tradición que nos divide

Por Eduardo Pino viernes 11 de agosto del 2017

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La decisión de Joaquín Lavín de bajar la cantidad de Rodeos en la comuna de Las Condes en el mes de la patria, reanimó un tema que en los últimos años ha ido tomando mayor notoriedad: el rechazo a la práctica del Rodeo como tradición nacional. Lo que hace una década no ofrecía prácticamente ninguna resistencia, ha dado paso a diversas agrupaciones animalistas que se oponen al maltrato animal ejercido en contra de desamparados novillos y, en algún grado, hacia los caballos utilizados.
Pero más allá de animalistas “militantes” o veganos acérrimos, la percepción a través de las redes sociales parece darle la razón al alcalde de la comuna oriente, pues la mayoría de las opiniones apoyan la protección de estos indefensos animales. Incluso llama la atención que las mayores críticas de sus pares no provengan de sectores de izquierda, siendo Pablo Longueira y Manuel José Ossandón quienes levantaron la voz. El primero dijo sentir pena por lo sucedido, incluso arrepentimiento por haber votado por su camarada; mientras que el segundo lo catalogó de “populista” pues repetía su estrategia de siempre al meterse en un tema motivado por las encuestas. Personalmente creo que hubiera sido mejor escuchar de Ossandón su conocido “no sé”, por lo menos en este caso.
Lo cierto es que esta decisión viene a sumarse a las medidas de Ñuñoa y Recoleta de disminuir e incluso prohibir el Rodeo en sus municipios. Algunos parlamentarios tímidamente piden revisar la ley de maltrato animal pues no incluye a esta “fiesta campesina”, mientras otros honorables promueven, vestidos de huaso elegante, instaurar el “Día Nacional del Rodeo”.
Después del fútbol, el Rodeo es el deporte que más gente lleva a sus espectáculos. Pero además es un muy buen negocio para los que se encuentran en la elite, pues mueve millones en la crianza y mantención de los animales, además de la organización de los campeonatos. Curiosamente la más importante y tradicional competición chilena se le denomina “Champion”. Existen seis federaciones en el país, siendo las más grandes la Ferochi y la Fenaro. Entre ambas agrupan cerca de 20.000 socios activos y para los que creen que el rodeo se corre únicamente en septiembre, sólo estas dos federaciones organizan cerca de 850 rodeos en el año. Por eso es que, más allá de sus detractores, es difícil que se logre abolir su práctica, pues cuenta con el apoyo de la tradición cultural y especialmente económica de grupos importantes e influyentes.
Por otra parte, la sensibilidad del hombre de campo ante los animales es distinta al citadino. El ganadero, el capataz y el patrón de fundo consideran habituales algunas prácticas y procedimientos que a un ciudadano criado entre el cemento y el plástico le provocarían un desmayo, como son el marcaje a fuego, la castración o la misma matanza de los animales. Para alguien acostumbrado a perros y gatos, la relación con bestias de mayor dimensión es sólo a través de una pantalla en la comodidad de su casa. Es que para un huaso de campo, curtido en el trabajo duro, ver los embistes de un par de caballos en contra de un novillo debe ser algo cotidiano e inofensivo, más aun si se le ha inculcado la legitimidad, cariño y valoración por esta práctica.
Pero más allá de todos estos argumentos, a pesar de provenir de una zona huasa, nunca me ha gustado el Rodeo. Utilizar picanas de fierro o eléctricas en contra de un novillo indefenso, al que se le aprieta sólo por gusto, no lo considero un deporte, por más que desde 1962 se le haya reconocido esta condición al Rodeo. La gente de campo seguirá defendiendo su tradición y argumentando que se han adoptado todas las precauciones para que los animales no sufran daño, pero profesionales veterinarios especialistas refutan esto, tanto por las lesiones como por el estrés al que son sometidos. Las tradiciones no sólo deben mantenerse porque se han practicado desde hace tiempo, si no por el fondo valórico que representan. Por eso deslegitimar el abuso y el maltrato, tanto humano como animal, debería ser más importante que gozar y celebrar cuatro puntos buenos.