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“El tango”, cuatro conferencias de Jorge Luis Borges, 2da parte

Por Marino Muñoz Aguero domingo 13 de mayo del 2018

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El domingo recién pasado reseñábamos a Jorge Luis Borges y sus cuatro conferencias sobre el tango, que dictó en 1965 en Buenos Aires, Argentina.
Borges afirma que el ritmo porteño nació clandestinamente alrededor de 1880 en las “Casas malas” y deriva de la habanera y la milonga. Los primeros tangos eran alegres e instrumentales señala, mencionando entre estos: “El choclo”, “El entrerriano”, “El pollito” o “La morocha”, después, con la introducción de las letras se ganó el apelativo de “ese pensamiento triste que se baila” enunciado por el gran Enrique Santos Discépolo. Borges no titubea, le gustan los primeros y refiere a los brasileños que califican al tango cantado como “música de cornudos”. Sobre la etimología de su denominación y los antecedentes primarios de la danza los ubica en el continente africano, compartiendo con el jazz estas raíces comunes y la similitud de los ambientes en los cuales se desarrollaron ambos estilos, tanto en Estados Unidos como en Argentina.
El escritor se detiene en los personajes de los ambientes del tango. En primer lugar, el “Compadre”, suerte de gaucho porteño. Una de sus categorías es el “Guapo” (el de la “secta del cuchillo y del coraje” según su poema “El tango”) y cuya religión era la valentía en tiempos que las diferencias se arreglaban a cuchillo con resultado de muerte en un ambiente que, aunque cueste creerlo, existían normas, códigos de honor y técnicas psicológicas para vencer al rival antes de la estocada fatal. Muchos “Guapos” provenían de oficios tales como matarifes, carniceros o carreros y otros tantos ejercían el rol de guardaespaldas de caudillos políticos, pero los que tienen una relación más directa con el tango son los proxenetas (no todos los “Guapos” lo eran).
Agreguemos que hubo “Guapos” compositores de tangos, como Ernesto Ponzio “El pibe Ernesto”, autor de “Don Juan”, que con la misma mano que manejaba el arco del violín sostenía al tiempo una pistola o Eduardo Arolas “El tigre del bandoneón”, creador “Derecho viejo” (Revista “Sucesos”, Nº4, Ed. Zig Zag).
Borges nos dice que a los lugares donde se practicaba el tango llegaban además los “niños bien”, personajes de la clase alta bonaerense, generalmente andaban en grupos, de ahí su apelativo adicional de “patoteros”. Ellos trajeron desde Inglaterra el box y, por tanto, sus problemas los arreglaban con los puños y no con el cuchillo. El otro personaje que nos menciona el escritor es la mujer (“de la vida”) e indica que las había criollas, polacas (a quienes llamaban “Valeskas”) y francesas cuyos nombres inspiraron tangos como “Ivette”, “Madame Ivonne” o “Margot” (“Ya no sós mi Margarita, ahora te llamás Margot”).
Y así llega la que él denomina “Época de oro” del tango, es decir, los cuatro años que van desde la celebración del centenario de la independencia y la pasada del Cometa Halley (1910) hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial (1914). En ese periodo – nos cuenta – el tango arribó a Europa y Norteamérica, se “adecentó” y volvió a Argentina iniciando la popularidad que mantiene hasta el día de hoy. Pero lo que más les importaba a los argentinos era que el tango fuera aceptado en París: “porque los argentinos entonces éramos todos, aunque apenas pudiéramos chapurrear el francés, éramos todos – para nosotros mismos, no para los franceses, por cierto -, éramos de algún modo franceses honorarios” (Borges, “El tango”, pag. 89). El tango, en definitiva, fue bien recibido por todas las clases sociales, ya no importaba su origen infame, como señalaban algunos.
Lo apuntado por Borges en estas conferencias, como en sus ensayos sobre el tema e incluso en su narrativa de ficción (el cuento “El hombre de la esquina rosada”, por ejemplo) es un serio y erudito análisis respecto de los orígenes y evolución del tango, sus personajes, sus ambientes primigenios y los barrios porteños, todo ello debidamente contextualizado en su visón del Buenos Aires del centenario, la situación social y política argentina de entonces, los inmigrantes, el lunfardo (lenguaje de los bajos fondos) y a fin de cuentas, el “Alma Argentina”. Sus fuentes son las historias orales recogidas por él mismo incluyendo las de algunos “Guapos” y las referencias a escritores, en especial Evaristo Carriego, como también a los “gauchescos”: Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo, Antonio Lussich, José Hernández y Ventura Lynch.
“El tango” es la transcripción de las cintas originales de las conferencias de 1965, grabaciones que conservadas en cassette les fueron entregadas al escritor vasco Bernardo Atxaga en 2002, luego de un algo e intrincado periplo. Atxaga digitalizó el material, confirmó su autenticidad y se las entregó a su colega español César Antonio Molina, quien emprendió la iniciativa de publicarlas. El resultado es una cuidada edición con interesantes notas a pie de página que contribuyen a la mejor comprensión del texto y la circunstancia de las conferencias como por ejemplo, las alusiones a la intervención en éstas del músico Carlos García interpretando tangos y la participación de un recitador en algunas de ellas, incluso el mismo Borges recita poemas y tararea tangos.
En lo pertinente al tango y adicionalmente a lo ya reseñado, agreguemos que en 1965 Astor Piazzolla musicalizó textos de Borges y los reunió en un disco (ambos terminaron en serias disputas irreconciliables). En 1966 participó del proyecto “14 para el tango” del productor Ben Molar, que reunió a escritores con tangueros que musicalizaron los textos. Entre los primeros estaban Borges, Marechal, Mujica Láinez, Petit de Murat y Sábato. Los músicos fueron: Basso, Caló, D’Arienzo, De Angelis, De Caro, Delfino, Demare, O. Manzi, Mores, Sebastián Piana, Piazzolla, Pontier, H. Stamponi y Troilo.
Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 – Ginebra, 1986). Autor de poesía, cuento, ensayo y trabajos en colaboración, es uno de los más importantes escritores de lengua hispana.

* “El Tango”. Cuatro Conferencias, Jorge Luis Borges. -1ª ed.- Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana, 2016, 151 pgs.