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Elogio del sentido del humor

Por Marcos Buvinic domingo 8 de octubre del 2017

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Por todos lados se ven muchas personas con cara seria y preocupada, con el ceño arrugado, las mandíbulas apretadas, los hombros encogidos, y una seriedad dispuesta a transformarse en agresivas reacciones ante cualquier pregunta inocente. Muchos andan como “tontos graves”, y no son sólo los políticos los que andan preocupados, sino que pareciera que se desató una epidemia de seriedad.

En esta columna quiero invitarlos a que -brevemente- miremos el sentido del humor como otro asunto importante y muy necesario para poder enfrentar tantos asuntos serios y delicados que suceden en nuestra sociedad.

La pérdida del sentido del humor no es buena para nadie. Muchos estudios y publicaciones nos hablan del humor terapéutico y de la estrecha relación que tiene con la salud física, mental, emocional, social y espiritual, siendo un ingrediente fundamental de la vida. Sucede que el humor es una cosa muy seria, tanto que todos sabemos que andar de mal humor no es bueno para la salud y que el buen humor es sinónimo de vivir sanamente las circunstancias de la vida, incluso las adversas. La Biblia nos dice que “Un corazón alegre es como una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos” (Prov 17,12).

Aristóteles dijo que “el ser humano es el único animal que ríe”, lo que es como decir que “reír nos humaniza”. Por eso, hay que tomarse en serio la risa y el sentido del humor; el problema es que -para muchos- éste se confunde con la chabacanería de los comediantes de los festivales, que desatan estallidos de carcajadas, pero que no producen alegría.

El sentido del humor es un modo inteligente de situarse ante sí mismo y ante los demás, particularmente en momentos de crisis, para salir fortalecidos de ellos. El sentido del humor es una cualidad del amor que hace soportable lo más duro, que suaviza un dolor, que agiganta una emoción o ridiculiza una situación. Por eso, cuando se pierde el sentido del humor o se le desfigura en la chabacanería, es un asunto muy serio que afecta todas las dimensiones de la vida personal y social.

La risa y el sentido del humor son, también, la llave de la creatividad, porque el humor favorece la libertad interior, neutraliza las inhibiciones y deja florecer la espontaneidad; entonces hace posible que las personas aprendan a hacerse preguntas y busquen respuestas, y así permite ir más allá de la superficialidad, y disfrutar con ello. Acerca de su función social, el filósofo francés Henry Bergson, en su clásico ensayo titulado “La risa” dice que “la risa es ante todo una corrección. La sociedad se venga por su mano de las libertades que se han tomado con ella”.

Por eso, el sentido del humor es una invitación a vivir en la alegría. Esa alegría que viene -en definitiva- de la confianza en Dios que quiere que seamos felices, dichosos como dijo Jesús en las Bienaventuranzas: dichosos los que tienen espíritu de pobres, los misericordiosos, los luchadores por la paz y la justicia,… Esta alegría de la vida, el Señor Jesús la compara con un banquete de bodas, donde Dios se desborda en ricos manjares y suculentos, vinos, sentando en los primeros puestos a los más pobres. A esto, el Señor Jesús lo llama “el reino de Dios”, y lo hizo visible comiendo con los pecadores, curando a los enfermos y anunciando la buena noticia a los pobres. Y a esto nos llama -a vivir en la alegría- al recordarnos que “más alegría tiene el que da que aquel que recibe”.

En estos tiempos complejos que vivimos como sociedad, el sentido del humor es más necesario todavía, pues puede ayudarnos a reconocernos falibles e imperfectos, a aceptarnos tal como somos, construir relaciones más sanas y abiertas, a no vivir a la defensiva y superar las agresividades; en fin, cultivar el sentido del humor nos permite entrar en uno de los anhelos más hondos de todo ser humano, como es la alegría de vivir, tanto en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, como en medio de las adversidades.