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Encuentro de las culturas en democracia

Por Gloria Vilicic Peña jueves 10 de octubre del 2019
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Cuando Justine Marie Bertolino lanzó piedras al monumento de Hernando de Magallanes para luego rayarlo, no entiende que a diferencia del año 1520, ahora vivimos en democracia con códigos culturales muy distintos. Los que insisten que el próximo año no tenemos nada que celebrar, se equivocan. La hazaña de Hernando de Magallanes cambió la comprensión del mundo e incorporó a este territorio al resto de las culturas mundiales. Aquellos que niegan la existencia de chilenos de un origen americano, que tienen una cultura distinta a la nuestra occidental, que no profesan ninguna de las religiones judeo cristianas, mulsulmana o budistas, no entienden que existe un Chile que habla, piensa y se comporta distinto a la gran mayoría. Chile es diverso y las políticas públicas deberán consideralo sí o sí. La gran pregunta es ¿Cómo?

Vivimos en democracia y en una república unitaria llamada Chile. Este es el contexto en que hoy día, fomentado por el Presidente Sebastián Piñera, discutimos sobre los así llamados pueblos originarios en Chile, la preservación de sus culturas, su lengua y los cambios culturales gatillados por  la globalización  que también afecta a todos y cada uno de los habitantes de este país. Los pueblos originarios no son la excepción y también van cambiando su cultura, como lo hemos hecho el resto de los chilenos en estos últimos 500 años. A diferencia de la ex Presidenta Bachelet y su coalición de izquierda que promovió y promulgó la Ley Lafkenche, nuestro gobierno sí medita sobre las consecuencias de nuevas leyes y cambios constitucionales en un supuesto beneficio de estos pueblos, y en una afectación al resto de la población. La discusión democrática sobre un reconocimiento constitucional de los pueblos originarios debe también sopesar las consecuencias sobre el resto de la población que también vive en este país y desciende de personas que se asentaron hace siglos en esta nación.

Cuando Justine Marie Bertolino lanzó piedras al monumento de Hernando de Magallanes para luego rayarlo, olvidó recordar que sus antepasados francos y visigodos invadieron con violencia el actual territorio francés, para asimilar la cultura romana, los pueblos germanos y otras tribus. La discusión en torno al reconocimiento de los pueblos originarios debe ocurrir en un marco racional y democrático. La izquierda sólo la lleva al absurdo y no considera la percepción y opinión del resto de los chilenos. Sólo a modo de ejemplo, me planteo la pregunta sobre ¿por qué en el territorio de Magallanes descendientes de huilliches y mapuches reciben tierras de la Conadi en un territorio supuestamente que era kawésqar? El Chile actual vive en democracia y la mayoria y el resto del país que no adscribe a ninguna etnia de los pueblos originarios también pide ser escuchada y considerada en esta discusión en torno a estos pueblos. La izquierda chilena, el Frente Amplio y la ex Nueva Mayoría nada dicen sobre las consecuencias que traen sus propuestas y leyes en un supuesto favor por los pueblos originarios. Hace algunos días la familia Caro, de una comunidad kawésqar en Puerto Natales detuvo el desarrollo acuícola en el lago Balmaceda, por una suspuesta no consideración de sus derechos en el desarrollo de una piscicultura en la Declaración de Impacto Ambiental. Chile es una democracia y una república constitucional en que todos los chilenos somos iguales ante la ley. La discusión en torno al reconocimiento de los pueblos originarios tensiona este principio de igualdad ante la ley en pos de una esperado y suspuesto bien estar de los pueblos originarios, sus descendientes, su cultura y fomento de sus lenguas.  A diferencia de la izquierda totalitaria e ideológica nuestra coalición entiende que en democracia no existen los tabúes a la hora de discutir, siempre y cuando no se vulnere el principio de igualdad ante la ley de todos y cada uno de los chilenos.