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Erase una vez el cambio climático

Por Eduardo Pino viernes 8 de febrero del 2019

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Pocas personas pueden quedar indiferentes a las temperaturas que se han registrado durante esta época estival, ya que al menos 10 ciudades de nuestro país batieron su récord histórico en sólo 10 días.  Lo que para nuestra ciudad y región han sido días de alegría para lucir  manga corta o pasear por la costanera mientras los más entusiastas incluso aventuran refrescarse en el Estrecho, en el centro del país no lo han pasado muy bien con termómetros que se aproximan a los 40°.

Aunque las olas de calor no son algo nuevo, lo que preocupa a los expertos es que éstas son cada vez más frecuentes, más intensas y presentan mayor duración. Lo peor es que las proyecciones no dejan lugar a la duda: lo que estamos viviendo tenderá a recrudecer cada vez más.

Y aunque hemos abordado tantas veces el consenso de los investigadores respecto a las consecuencias que está trayendo la quema de combustibles fósiles, con consecuencias tan aterradoras como visibles entre nosotros, llama la atención que las corrientes que desconocen esta realidad tengan una fuerte acogida en muchas personas: hay un cambio climático que se relaciona con un efecto solar y para nada tiene que ver la quema indiscriminada de combustible que como especie hemos infringido al planeta. Estos serían ciclos de la naturaleza y en algún momento se tenderían a revertir, no necesariamente pronto pues podrían pasar algunas generaciones para ser testigos de un alivio en nuestro ecosistema. Como guinda de la torta, esta visión hace una clara diferencia entre la contaminación y el calentamiento global, pues ambos fenómenos no estarían en absoluto relacionados. Más allá de lo antojadiza de esta postura, la inquietud se hace presente cuando administraciones como la de Estados Unidos adhiere a estos postulados e insiste en privilegiar una producción escasamente sustentable para no dar ventajas económicas a sus competidores. A lo dicho por Donald Trump a fines del año pasado respecto a que no le preocupaba el calentamiento global pues él tenía un especial “instinto” hacia la ciencia, a pesar de no haberla estudiado; se suma su incredulidad actual ante el aumento de temperatura debido a las terribles olas polares que se han registrado en varias ciudades del territorio norteamericano, como si esto no estuviese relacionado. 

Los que tengan 4 o más décadas quizás recuerden que cuando niños fuimos testigos de una serie animada producida por la televisión francesa en conjunto con otros países, llamada “Erase una vez el hombre”. Fue realizada en 1978 y puesta en el aire en nuestro país dos años después, en tiempos donde había que esperar una semana para ver cada uno de los 26 capítulos o comprar el comic que se agotaba en los kioskos. Para los nostálgicos, o para los más nóveles que les despierte curiosidad, la serie íntegramente se encuentra en internet, así como su secuela. Recuerdo perfectamente cuando se exhibió el último capítulo, pues como niño de 10 años me produjo gran inquietud la predicción de destrucción del planeta a manos de gobernantes egoístas e inescrupulosos, en guerras provocadas por la necesidad de acaparar recursos cada vez más escasos debido a la sobrepoblación y especialmente a la contaminación, con cantidades de basura que se volvieron inmanejables para quienes las produjeron como consecuencia de una sobreexplotación que el planeta no pudo resistir. Lo que al cosmos le costó 5.000 millones de años crear para propiciar la existencia de vida, la especie humana lo destruía en poco más de una centuria. La enseñanza era que si todos tomábamos conciencia de esto, ese sombrío destino podía revertirse, en un mensaje que claramente iba dirigido a los niños de ese tiempo. Cuarenta años más tarde, me doy cuenta que nuestra generación es una de las que más daño le ha hecho a nuestro ecosistema, creyendo que la panacea del plástico sólo nos iba a traer comodidad sin costo alguno o que seguir quemando combustibles fósiles no iba a tener consecuencias en nuestro entorno.

En tiempos donde expertos investigadores nos ratifican que estamos depredando en 11 meses lo que el planeta es capaz de entregarnos durante un año, o que el 2030 es el hito sin regreso para tratar de salvar lo que hemos consumido, ensuciado y maltratado, no sin antes ya sufrir las consecuencias de nuestra irresponsabilidad; urge que nuestros gobernantes asuman en serio este desafío, además que cada uno de nosotros contribuya a la sustentabilidad de un sistema del que dependemos y cuya fragilidad no puede seguir esperando un milagro.