Necrológicas

Es sólo el Medio Ambiente, nada personal

Por Juan Francisco Miranda jueves 11 de enero del 2018

Compartir esta noticia
148
Visitas

Ayer la Comisión Regional de Evaluación Ambiental rechazó el proyecto de explotación mediante tronaduras del carbón del manto de isla Riesco (Mina Invierno). Es probable que existan miradas diferentes respecto a la explotación del carbón como energético, y se contrasten posiciones y visiones respecto a ello, pero que la gran ausente del debate sea la ciudadanía.
Algunas miradas proponen explotar las reservas de carbón como una forma de contribuir al crecimiento económico, pero no dicen para quién ni cómo, y en muchos casos a cualquier costo ambiental. Otras miradas respecto al carbón proponen abiertamente no explotarlo, pues se aprecia el creciente convencimiento de que utilizar fuentes que emiten gases invernaderos, afectan el aumento de la temperatura mundial y con ello efectos globales en el clima.
Hay también una mirada técnica respecto a las tronaduras, que se utilizan en diversos proyectos incluso en la construcción de caminos. Para mí el tema no es la técnica sino que el lugar donde se hacen y la frecuencia de las mismas, lo que pone en valoración y como central el conocimiento profundo del lugar donde se propone explotar.
Pero, independiente del capítulo de la historia respecto al proyecto minero en la isla Riesco, para mí el problema es de fondo, es de confianzas y del poco consenso respecto al tipo de desarrollo del territorio de Magallanes. Existe una tensión entre crecimiento económico y medio ambiente que debemos entre todos, con amplia participación enfrentar.
Cuidar y mantener la confianza es vital, pues existen empresas acostumbradas a hacer el mínimo exigido, con estudios mediocres, débiles y poco rigurosos, y con ello pretenden cumplir con la ley ambiental, y esto no contribuye. También hay proyectos que se han aprobado y donde se les ha exigido compromisos ambientales, que las empresas aceptan con tal de obtener la aprobación pero que después minimizan o derechamente no cumplen, lo que tampoco aporta. En algunos de estos casos, la institucionalidad fiscalizadora llega tarde o simplemente no llega, haciéndola débil, lo que motiva la mediocridad y una cultura de hacer el mínimo posible, pues así los costos bajan y las utilidades aumentan, y el medio ambiente no se visibiliza.
Hay casos en las que estas mismas empresas vuelven a presentar proyectos para ser evaluados ambientalmente, pero cuando la confianza ha sido deteriorada, se aplica la expresión “el pasado los condena”, y la mirada no sólo se hace más rigurosa, sino que más cauta. Bien también puede aplicarse eso de que en la duda es mejor abstenerse, en este caso en la duda es mejor rechazar.
Sin embargo, creo que no se trata de rechazar cualquier intento de desarrollo, pues en toda actividad humana hay impactos en el medio ambiente, y no sólo en sectores prístinos o poco visitados, sino que también en nuestras casas y ciudades hay impactos, lo que impone la obligación de ser coherente y responsable siempre. El desafío es minimizar y evitar los impactos en el medio ambiente, para lo cual, lo primero que se debe hacer es conocer lo que se tiene, pues nadie quiere lo que no conoce, ni tampoco lo protege.
Creo que este rechazo es una oportunidad para elevar los estándares medioambientales, tomar conciencia del lugar en el que vivimos, y generar la discusión de lo que será la estrategia de desarrollo regional para después de conmemorar 500 años del descubrimiento del estrecho de Magallanes. Hay mucho por estudiar, por hacer, y desde luego que soñar.