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Esta época…

Por Jorge Abasolo lunes 8 de julio del 2019

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YA ESTA INCORPORADA al imaginario colectivo esa torcida idea de que el mundo está al borde del colapso.

¿Qué todo tiempo pasado fue mejor?

¡Pamplinas! Lo que pasa es que ahora estamos mejor informados.

Gracias a Internet me reencontré con un amigo que no veía hace más de veinte años y que me debía diez lucas…¡y me las pagó con el correspondiente complemento llamado IPC! Merced al Whats App me crucé con una amiga de enseñanza media…que me gustaba mucho. Y por este medio me enteré de que sigue soltera, algo gordita, pero aún con más curvas que un autódromo. Y mediante Messenger supe que tenía un tío en Buenos Aires, muy hospitalario y con más plata que un usurero en Fiestas Patrias.

Todo gracias a la vapuleada y ninguneada tecnología.

¡Sí, amigos…dígase lo que se diga…estos son los mejores tiempos para vivir!

Y para no quedarme en Chile, debo decirles que en esta zarandeada época…siete mil millones de seres humanos viven harto mejor  y tienen expectativas de vivir más…que los 3 mil millones que poblaban este planeta el año en que yo nací. (¡y eso que aún no llego a la edad de jubilación. Esa sí que es fregada!)

Es cosa de mirar las cosas sin nostalgia y sin prejuicios.

A comienzos del siglo XX la expectativa de vida al nacer era de 67 años.

Hoy estamos en los 82 para las mujeres; y 80 para los machotes.

A comienzos del siglo XX el promedio lo bajaban principalmente los cabros chicos, lo que implicaba que la pérdida de hijos era una tragedia muy frecuente. Así fue como Picasso perdió a una hermana de 7 años, en 1895; y el compositor Gustav Mahler a una hija de 5 años, en 1907. Ambas niñas fueron víctimas de la difteria, enfermedad que hoy está erradicada gracias al trabajo de un alemán llamado Emil von Behering.

Hoy por hoy la palabra difteria ni asoma en los diarios y la vacuna contra ella es gratuita en cualquier Cesfam, y se realiza antes que el mocoso cumpla un año de vida.

Por una medicina incipiente, yo no conocí a mi tía Violeta,  pues murió de una tuberculosis, enfermedad que ahora son capaces de curar hasta en el Hospital de Talca.

Se me dirá que tenemos un flagelo llamado Sida que ha terminado con la vida de mucha gente. ¿Mucha gente? Más bien poca, si la comparamos con los muertos que dejó la poliomielitis y la lepra, enfermedades más pasadas de moda que la virginidad y los cassettes; y que han quedado enterradas en un pasado… muy pesado.

Cierto es que hoy tenemos una delincuencia desatada. Pero me consuela pensar que nuestro aporreado Chile ha terminado con la pobreza dura. Yo vi a chicos que iban a clases a pata pelada y con sabañones de gran calado…y sin desayuno. Hoy la pobreza dura quedó en el pretérito y Chile terminó con ese flagelo maldito llamado Desnutrición, gracias a la labor impecable de un héroe en vida llamado Fernando Monckeberg…

Admito que ir al dentista es una gran molestia. Pero antaño era una tortura. Y si debían ponerle un puente, éste quedaba tan mal hecho como el puente de Loncomilla. Hoy los implantes lo dejan a usted con dentadura de actor de cine mexicano. Es cierto que salen más caros que amante de futbolista, pero ahí están: esperando que usted junte la plata para que se la acomoden.

Sí, señores. ¡Dígase lo que se diga, yo soy un gran defensor de esta época!

A pesar de las AFPs, la delincuencia, los políticos, los dirigentes sindicales, los matinales de nuestra TV y los medidores inteligentes.

Amén…