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Estatuto laboral para jóvenes

Por Gloria Vilicic Peña jueves 30 de agosto del 2018
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Pero cuando ayudes a los más necesitados de los nuestros, asegúrate de que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda…”, habría expresado para sí, posiblemente la ex ministra de educación Adriana del Piano, al modificar el Decreto Supremo que regula las convocatorias de Becas Chile, permitiendo que los chilenos becados en el extranjero, pueden realizar libremente cualquier tipo de actividad remunerada durante el período de sus estudios sin que les signifique un descuento o reducción de los aportes monetarios que reciben. Entre tanto si algún becario en Chile declara que además de la beca que recibe está trabajando algunas horas semanalmente para mejorar la situación económica propia y de su familia, recibirá una contundente respuesta del Estado chileno disminuyendo o caducando los beneficios percibidos. ¿Entonces por qué genera el estatuto laboral para jóvenes, que viene a equiparar esta desigualdad de trato entre estudiantes chilenos dentro y fuera del país, tanta resistencia en algunos sectores políticos?

Quisiera dejar claro que no creo que la izquierda chilena tenga un doble discurso sobre este tema, actúen de mala fe o tengan intenciones oscuras al debatir al respecto, es más bien, a mi parecer, una clara señal de desconocimiento o ignorancia sobre educación y mercado laboral de su parte.

La discusión en torno al “estatuto laboral para jóvenes” muestra múltiples factores que influyen en fomentar o inhibir la movilidad social a través del estudio. De acuerdo a un informe publicado el 2016 por el Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la UC sólo una ínfima parte de los universitarios chilenos incursionan en el mercado laboral antes de egresar. Esto nos deja por debajo del promedio de los países de la Ocde. En Estados Unidos, Canadá y Australia, los universitarios desempeñan tareas remuneradas en paralelo a sus estudios, lo cual no genera un debate como el desatado en Chile. La pregunta entonces, a mi parecer, que debiera concentrar la discusión es: ¿Es recomendable desde la perspectiva académica (rendimiento académico) y del acceso al mercado laboral (empleabilidad) que nuestros jóvenes estudiantes estudien y trabajen?

La literatura científica internacional sobre este tema es contundente y clara. Se encuentra evidencia de que los principales determinantes de la entrada en el mercado de trabajo serían la edad, la experiencia laboral previa y las transferencias monetarias recibidas. Jóvenes que primero trabajan y luego estudian, están más motivados por aprender y terminar lo más rápido posible con sus estudios. Pero también se encuentra la evidencia que el trabajo afecta negativamente el desempeño académico de los estudiantes que tienen una jornada laboral superior a 15 a 18 horas/semana. Por otra parte, estar empleado puede ser positivo en dos circunstancias: cuando la jornada laboral es inferior a 15-18 horas/semana y cuando el estudiante tiene experiencia laboral previa al ingreso universitario. La experiencia laboral promueve también un mejor desempeño académico, en especial cuando los jóvenes trabajan part-time en las vacaciones o durante el semestre en labores relacionadas al ámbito de su estudio, motivándolos y preparándolos mejor para el ingreso posterior al trabajo. Lo preocupante es que los estudiantes más jóvenes, recién ingresados a la universidad, sin experiencia laboral y que empiezan una actividad remunerada en cualquier parte y sin ningún vínculo con las materias a estudiar en la universidad son el colectivo más expuesto a pobres resultados académicos.

El debate debiera, a mi parecer, entonces no sólo incluir el estatuto laboral para jóvenes, sino también la flexibilidad laboral para poder trabajar y estudiar, incentivos para que las empresas puedan fomentar el estudio y capacitación de sus trabajadores, becas, subsidios y ayudas para que los chilenos con un entorno social vulnerable puedan mejorar sus expectativas de vidas a través del estudio y la capacitación constante. ¿Acaso no queremos y creemos todos los chilenos que el estudio sea un motor de la movilidad social? El ministro del Trabajo Nicolás Monckeberg resumió muy bien el meollo de este tema: “Hoy apenas el 9% de los jóvenes chilenos estudia y trabaja, y en otros países más de la mitad de los jóvenes que estudia, trabajan algunas horas a la semana. Lo que es peor, de los jóvenes chilenos que trabajan, cerca de la mitad lo hace de manera informal. Con este proyecto, queremos que los jóvenes que estudian y quieran trabajar lo puedan hacer y lo hagan con un contrato de trabajo, de manera formal, con empleos de calidad, pero además con seguridad social y protección. No queremos más informalidad en la juventud”. ¿Qué parte de esta frase no entiende la izquierda chilena? Antepongamos el bien de nuestros jóvenes a las ideologías destructoras de la movilidad social.