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Fantuzzi: un “loquillo”

Por Eduardo Pino viernes 16 de diciembre del 2016

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Sin duda el regalo más famoso de esta Navidad no serán los drones con cámara, sino la muñeca inflable que Roberto Fantuzzi y su equipo “creativo” le regalaron al ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, en la cena anual de Asexma (que por si acaso es la “Asociación de Exportadores y manufacturas”, no teniendo que ver con tópicos sexuales para no confundir a la gente). Vuelvo a precisar: era una cena en el exclusivo “Casapiedra”, no una despedida de soltero en una Boite.
Es que el hombre de las ollas definitivamente no sabía cómo seguir deshaciéndose en disculpas ante la opinión pública, especialmente ante el poder femenino, que encabezado por la misma Presidenta, estuvo muy lejos de celebrarle la “original”  humorada que tenía como metáfora “estimular la economía”. El mismo Fantuzzi narra histriónicamente que su mujer le dijo: “¡qué locura hiciste!”, aunque no precisamente con esas mismas palabras. El atribulado empresario no podía creer que varios medios internacionales, incluido el británico “The Guardian”, le habían dedicado titulares a su creativa ocurrencia.
Pero lo que llama la atención, incluso más que la burda broma y lo grotesco de la muñeca inflable (cuesta imaginar que un globo tan feo pueda estimular sexualmente a alguien, aunque si se venden es porque hay gustos para todo), es que esa misma noche nadie reparó en la avalancha de críticas que vendrían después, especialmente en las redes sociales que fueron intolerantes ante esta afrenta a la dignidad de la mujer. Es más, en el círculo de trabajo que ideó y posteriormente concretizó la elección de estos regalos también habían mujeres que participaron y estuvieron de acuerdo con este particular obsequio a Céspedes. Aún más, la reacción de todos los agasajados que se encontraban en el escenario, incluyendo a candidatos presidenciales y al mismo ministro de Economía, era de un carcajeo y festividad tan relajadas como amenas. Nadie percibió incomodidad, espanto ni menos censura ante lo que posteriormente sería calificado como un acto misógeno, denigrante y promotor de la violencia de género, incentivando  la marcada desigualdad que se pregona en campañas antidiscriminación. Pe-
ro al día siguiente, varios de estos connotados personajes aparecen condenando y criticando lo ocurrido. Eso me parece lo más interesante, considerando que son individuos altamente preparados y con cuotas altas de poder y decisión.
Inmediatamente surgen de manera espontánea dos bandos: los que condenan de manera intransable lo sucedido por los argumentos antes mencionados y los que relativizan el incidente, aduciendo a una exageración y falta de humor de lo que no pasó de resultar una simple broma.
Más allá de lo que legítimamente cada uno piense, y por eso no necesariamente debe ser descalificado ni adjetivado por los(as) termocéfalos(as) twitteros(as), este incidente casi anecdótico refleja muy bien nuestra cultura cotidiana en temas que creemos considerar trascendentes y delicados, pero que en el diario vivir pasamos a llevar sin darnos cuenta. Más que un doble estándar como muchos han calificado, creo caemos muchas veces en inconsistencias debido a las dificultades de operacionalizar de manera efectiva nuestras ideas en conductas o actitudes específicas, especialmente cuando hay valores importantes implicados. No me extrañaría que personas ofendidas con este incidente, no evalúen nada de malo en niños y adolescentes cantando letras reggetoneras que hablan de sexo explícito, violento y que cosifica a la mujer, mientras desarrollan pasos de baile que dejan poco a la imaginación; total, lo pasan bien y el ritmo es contagioso según ellos (repito, hay gustos para todo).
Si bien la gran mayoría de la gente concuerda en la necesidad de defender el feminismo entendido como la necesaria igualdad en la dignidad y  oportunidades de las personas, no importando su sexo; esta “metida de pata” de Fantuzzi nos alerta lo difícil de conciliar un cambio cultural real, que supere los discursos políticamente correctos para transformarse en actitudes y conductas concretas, oportunas y compartidas por todos.