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Fibra óptica, la puerta digital de Chile

Por Dr. Ing. Carlos Cárdenas sábado 7 de abril del 2018
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propósito de la recalada en Magallanes del barco Geo Explorer, a cargo de realizar los estudios para la instalación del cable de fibra óptica submarina, es oportuno reflexionar en torno a lo que significa que nuestra región esté conectada, directamente y a corto plazo, a la red internacional.

Básicamente, la fibra óptica no es más que un conjunto de elementos que permiten la transmisión de datos entre dos puntos, unidos por uno o varios cables de silicio (vidrio) o plástico muy procesado. Esto quiere decir que el medio por donde se transporta la información es muy frágil.

Nuestra conectividad actual depende de nuestros vecinos argentinos, a quienes aprovecho de agradecer ese apoyo. Sin embargo, como este cable es frágil y extenso, existen puntos críticos que atenúan la señal, reduciendo la velocidad de transmisión o cortándola, generando efectos en el servicio que experimentamos los usuarios. Sin embargo, esta nueva conectividad submarina reducirá, considerablemente, las posibilidades de corte y, a la vez, permitirá aumentar la velocidad gracias a los dispositivos instalados en sus extremos.

Entre las ventajas comparativas que ofrecerá a la región este nuevo escenario, está la posibilidad de implementar centros que permitan la bajada y subida de información satelital. Sabiendo que por nuestros cielos australes pasan más de 650 satélites de órbita polar, es una oportunidad única. No por nada, una compañía sueca y otra noruega ya se instalaron en nuestra región. Al mismo tiempo, esto atraerá a importantes instituciones ligadas a los grandes centros de almacenamiento de información (Big Data), interesadas en la estabilidad sísmica de esta zona del planeta, y de nuevas manera de disminuir, considerablemente, sus costos energéticos, gracias a una conectividad digital asegurada, suministro de energía constante y bajas temperaturas.

Sabiendo que el 95% de la transferencia de información digital entre continentes se realiza a través de fibra óptica submarina, y que toda esta conectividad está trazada por el hemisferio norte, es lógico pensar que, hacia el futuro, Chile podría proyectarse por el hemisferio sur, cerrando el anillo digital por Magallanes. Nuestra región es el punto más próximo a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, debido a la curvatura terrestre y a nuestra cercanía con el polo sur. Si a esto sumamos el reciente acuerdo comercial con China, y su ofrecimiento de generar un estudio para el trazado de fibra óptica submarina entre Asia y Chile, no es difícil soñar que Magallanes no sólo sea la puerta de entrada hacia la Antártica, sino también la puerta de entrada digital hacia el hemisferio sur.

Alguna vez Chile fue conocido por el mundo gracias al transporte marítimo por el estrecho de Magallanes; hoy tenemos una segunda oportunidad. Eso sí: debemos dejar de pensar que las oportunidades están en otros lados. Si tenemos el horizonte claro, es seguro que, en un futuro no muy lejano, podremos escuchar que éste es el mejor lugar del mundo para el almacenamiento y transferencia de información digital.