Necrológicas

Hace seis años

Por Diego Benavente viernes 8 de noviembre del 2019

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En este mismo espacio y, enfrentados a lo que se veía venir para Chile, escribíamos hace seis años que era necesario encantar con un nuevo relato como el gran desafío, “un relato de un país con mayúscula, que no sea sólo una gran ciudad con una elite, el origen y destino de todo. El país justo y descentralizado, que todos añoran, esa es la cuestión.”

En la ruta al desarrollo como país, comprobábamos en aquel entonces y ahora con mayor fuerza, que “lo más destacado de los últimos tiempos, ha sido el empoderamiento de su ciudadanía, la que ha estado adquiriendo conciencia de sus derechos sostenidamente. El paso necesario ahora, es como se encauza y se le dota de la capacidad de propuesta e involucramiento en la gestión de los servicios y solución de los problemas”.

Recalcábamos en aquella oportunidad que, “el que está más cerca, sabe mucho mejor donde le aprieta el zapato y también de cómo solucionar sus problemas, por ende lo que se necesita es entregar las herramientas necesarias y el acompañamiento que, permita ir avanzando en pos de una ciudadanía más activa y responsable”. Mirado en retrospectiva y después de las múltiples y masivas protestas experimentadas en el país recientemente, puchas que nos habría servido atinar en esos momentos, abordando temas que hoy nos han reventado en plena cara y con singular fuerza.

Pero algo de lo que mencionábamos hace seis años aún nos puede ser de utilidad, cuando decíamos que era necesario “una participación activa con responsabilidad de gestión y también sobre los resultados”. Para lo cual, “la participación e involucramiento directo en un proceso de Asamblea Constituyente puede ser un punto de partida o una posibilidad de iniciar una nueva etapa con una hoja de ruta compartida por la mayoría”.

Y como la descentralización es un tema clave, “hay que asegurarse de que tenga el peso que se merece en el accionar estratégico nacional. Lo cual dependerá exclusivamente de la capacidad de las sociedades regionales de generar un liderazgo político nítido, tanto en lo institucional, como en las esferas ciudadanas, de modo que permitan apoyar y presionar estos procesos”.

Las protestas y su magnitud también parecen significar, el que se está reconociendo que somos del barrio, de aquí de Latinoamérica, un pueblo al sur de Estados Unidos como lo cantaban los Prisioneros. Donde además con ese grado de autodestrucción, a lo mejor hemos querido recordarnos a nosotros mismos, el que no somos tan del primer mundo, como muchos queríamos creer ser, pues en realidad seguimos siendo un país largo, estrecho y hermoso, pero también clasista, violento, discriminador y muy desigual. La calle nos lo recordó crudamente.

Ya están empezando a salir distintos actores, sectores y organizaciones en general, proponiendo “la solución”, que les permita acomodarse a la nueva estructura de poder que surgirá y así posicionarse, en la medida de lo posible, entre los primeros de la jerarquía en esta nueva sociedad a construir. Pero el eje será por otro lado, con una transversalidad distinta que, necesariamente tiene que corregir los errores estructurales del pasado, que entre otros, debe pasar por considerar de una forma distinta a los territorios y a las personas que viven cerca de los problemas, a escuchar a los que menos poder han tenido y que muy pocas veces se les ha escuchado o tomado en consideración.

Chile ha sido pionero en distintas transformaciones, hoy en día la aguda crisis nos desafía a emprender entre otros, la reforma que nos permita enfrentar eficazmente los próximos 30 ó 50 años, cuál es la modernización del Estado con una descentralización a concho y una estructura liviana para competir en un mundo cada vez más integrado, global y cambiante.