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Historias de misericordia, una más…

Por Marcos Buvinic domingo 14 de agosto del 2016
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En las historias de misericordia aparece lo mejor del ser humano y, por lo mismo, en ellas se muestran los pasos que podemos ir dando para crecer en humanidad, que -bien entendido- es lo mismo que crecer en la relación con Dios, pues la misericordia es el otro nombre de Dios.
Me llamó la atención una noticia que leí en un diario hace unas semanas. Se trata de una historia que acontece en estos días en Bolivia, y que tiene como protagonistas al general en retiro Gary Prado, quien -siendo capitán- en 1967 capturó en combate al Che Guevara, y el otro es Osvaldo “Chato” Peredo, un guerrillero boliviano del grupo del Che, quien perdió en esa lucha a sus hermanos “Coco” e “Inti” Peredo, y luego fue el continuador de la frustrada aventura guerrillera del Che Guevara en Bolivia.
El militar retirado Gary Prado se encuentra sometido desde hace siete años a un juicio por supuesta traición a la patria, terrorismo y sedición, pues se le acusa de haber cooperado con un grupo que en el 2008 intentó una revuelta contra el gobierno de Evo Morales. El general Prado hoy tiene 77 años, se encuentra parapléjico y con una severa discapacidad cardiaca, de manera que es llevado a la sala del juicio en silla de ruedas y, en el último tiempo, en camilla.
Aquí el rostro de la misericordia se ha manifestado desde el ex guerrillero “Chato” Peredo, intercediendo por Gary Prado: “Pido una amnistía por razones humanitarias, porque en cualquier momento puede morir”, ha dicho “Chato” Peredo al Presidente Evo Morales, quien es el que puede concederla, pero hasta ahora se ha negado a hacerlo, señalando que es un juicio de traición a la patria.
La misericordia siempre hace memoria del bien que es posible realizar en medio de una situación que ya ha traído males y sufrimientos, y en esta historia es el antiguo guerrillero quien la invoca para el militar contra quien luchó y por quien fue derrotado en un combate a sangre y fuego.
A la luz de esta historia de misericordia es que resultan tan lamentables las reacciones intransigentes de los que en Chile rechazan cualquier forma de cambio en la situación carcelaria de hombres ancianos y enfermos que están presos por delitos contra los Derechos Humanos. Ellos son culpables y están condenados por diversos grados de participación en horribles delitos de torturas, asesinatos y desaparecimiento de personas. Muchos de ellos ya son hombres bastante ancianos (incluso hay uno que tiene 92 años) y con diversas enfermedades propias de su edad. Para estos presos no se pide amnistía si se encuentran procesados, ni indulto para quienes se encuentran condenados, sino que -por razones humanitarias- en virtud de su edad y estado de salud, puedan cumplir su pena bajo la forma de prisión domiciliaria.
En esta situación es muy necesaria la misericordia, pues si en Chile ahora no se tiene compasión con esos presos viejos y enfermos -que en su momento cometieron crímenes horribles- significa que no somos mejores que ellos.