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  • Julio Sebastián Calderón Maclean

Homenaje a un gran periodista

Por Abraham Santibáñez sábado 24 de diciembre del 2016
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Hernán Millas per-
teneció a una generación excepcional de periodistas. Fue-
ron los precursores de la formación universitaria de los comunicadores, pero su título lo habían ganado en otras profesiones y en la práctica.
Esa generación, que ya se está extinguiendo, la integraron nombres ilustres en nuestra profesión, muchos de los cuales, igual que Millas, recibieron el Premio Nacional de Periodismo, el reconocimiento del Estado de Chile por su aporte a nuestra sociedad. Nos dejaron un legado muy bien representado por él: trabajo de investigación y reporteo bien realizado, reportajes bien estructurados, preocupación por la claridad y la sencillez, junto con un profundo amor a la libertad. En síntesis, un periodismo de calidad, respaldado por valores éticos.
Al hacer un balance de su vida, nos abruma la multiplicidad de sus talentos.
Hernán Millas fue un escritor fecundo, con una pluma ágil y atractiva. Se ha destacado, con justicia, que la Academia Chilena de la Lengua lo distinguió con el Premio Alejandro Silva de la Fuente por el buen uso de nuestro idioma. Escribió reportajes que hoy tienen un valor histórico, además del alto grado de actualidad que tenían cuando fueron publicados. Hernán, pese a que muchos creían que lo suyo era fácil y espontáneo, fue un serio investigador. Lo heredó, qué duda cabe, de su familia: su padre, don Columbano Millas, en los años que dirigía el periódico La Unión en Punta Arenas, vivía en el segundo piso del mismo edificio. Allí los Millas Correa eran arrullados por el galope de la prensa.
Es de suponer que esa misma influencia familiar lo convirtió en un lector apasionado, que se tradujo en una sólida cultura, de la cual no hacía ostentación. Porque Hernán, que irritó muchas veces a los poderosos, tanto en democracia como en dictadura, era sobre todo un hombre sencillo, cordial y amable.
En una tesis en la Universidad Diego Portales, la periodista Paula Rodríguez profundiza en aspectos que no siempre se asocian a Hernán.
Dice: “Las crónicas de Millas destacan por estar fuertemente nutridas de documentación, por la gran cantidad de datos anecdóticos allí presentes que dan sabor a sus historias, por la inteligencia en la forma de narrar y presentar los temas, y especialmente por ese toque de humor e ironía, que sólo él ha sido capaz de desarrollar”.
Este Hernán, esencialmente humano, pródigo en anécdotas, es el que no olvidaremos. Su don de la observación, su preocupación por el buen decir, su ironía a veces punzante pero nunca hiriente nos hacen y seguirán haciendo falta.