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La Araucanía

Por Diego Benavente viernes 7 de diciembre del 2018

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Conforme a lo expresado recientemente en Enade por Roberto Mén-
dez, desde 2012 el principal conflicto que enfrenta el país, en las percepciones de la gente, es entre el Estado chileno y el pueblo mapuche. Sin duda es un tema país, que además brota con fuerza cada vez que se produce alguna víctima en las intervenciones policiales así como en los atentados que sufre la región permanentemente, producto de un problema no resuelto que se arrastra por décadas.

Hasta el momento y al igual que en las distintas oportunidades, las principales fichas las están jugando los actores que monopolizan la esfera mediática y las redes sociales, embarcando a los demás en un juego de blanco y negro que no lleva a ningún lugar positivo. En dos palabras, priman los que están apostando a ensanchar la brecha y a ahondar las trincheras, cuando lo que se necesita es construir puentes y generar los espacios de confianza donde poder encontrarse.

En un proceso complejo como este no puede imperar el cortoplacismo ni las expectativas sobre dimensionadas, por el contrario se hace necesario establecer una cuenta común que le permita a la mayoría regional no perder lo ganado, sino cada vez se estará volviendo a fojas cero o quien sabe, capaz que se termine retrocediendo a un pasado del cual nadie se siente orgulloso.

El legítimo resentimiento histórico ni la rabia profunda por la pérdida de una vida humana, con todo lo que aquello significa, pueden nublar la vista y hacer perder el rumbo, La Araucanía no se lo merece. Tampoco podemos dejar que los errores individuales o institucionales, por muy graves que sean y los cuales deben castigarse con todo el rigor de la ley, puedan hacer perder todo lo bueno que se ha ido estructurando colectivamente a nivel regional. Es muy necesario volver a creer en el nosotros de la gran mayoría y dejar a los extremos minoritarios ofuscados y ensimismados por el conflicto. Si se sigue vibrando en la onda y el lenguaje que los extremos imponen, acicateados por la tribuna mediática, la brecha de desconfianza se irá agrandando y las trincheras serán cada vez más profundas.

En esto, no hay donde perderse, lo importante es escuchar a los actores reales y siempre hablar a corazón abierto, más aún cuando las experiencias históricas han sido de diálogos poco sinceros. Como lo expresa Hugo Herrera en su columna reciente en un vespertino titulada “La gente de la tierra”, “la salida decisiva al asunto mapuche no se alcanzará mientras la existencia de quienes deciden siga estando tan lejos de la existencia del problema”.

Asimismo para situaciones complejas y multifactoriales, en un país muy centralista como Chile, es clave que en los distintos niveles, el poder pueda ser siempre ejercido con delicadeza y maestría, en este sentido es mejor que éste sea reconocido en lugar de tener que exhibirlo de motu proprio o hacer ostentación de él.

A La Araucanía cada cierto tiempo se le agranda una pena, porque se exacerban las divisiones en lugar de destacar todo lo positivo que la une en la diversidad, ya viene siendo hora que esa pena se transforme en un relato común que le haga sentido a su gente y una férreamente a todos sus habitantes tras un futuro que le permita desarrollar todo su potencial elevando el nivel de vida de su población, en especial de aquellos más postergados.