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La Conquista

Por Jorge Abasolo lunes 19 de agosto del 2019

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S

I CONQUISTAR un territorio es de por sí un tema complejo, imagínense cuanto más lo será el acto de arrojo que implica conquistar mujeres.

La historia nos dice que Pedro de Valdivia llegó a Chile para conquistar al país. De contrabando se trajo a dos concubinas: Inés de Suárez y Mensia de los Nidos. Como bastante trabajo le dio conquistar esta tierra llena de erupciones y amantes de la mocha, a las mujeres las trajo conquistadas y “ahuachaditas” desde España. Con ello ahorraba trabajo, claro.

Extraño lo que sucede con nosotros, los varones. Valoramos un partido de fútbol bien reñido, donde hay que ir al VAR muy seguido…y al BAR después para aplacar los nervios. No nos gustan los partidos seguros, en donde a los diez minutos del segundo tiempo se puede predecir al ganador. No nos gustan las goleadas ni las cosas fáciles. Del mismo modo, nos encantan las mujeres difíciles de conquistar. ¿Será la cuota de sado-masoquismo que todos llevamos internamente?

En un estudio muy acabado (no sean mal pensados) llegué a la conclusión de que la mujer difícil de conquistar se puede presentar bajo tres formas diferentes:

a) Las difíciles de conquistar porque el contexto es complicado: ella es la polola de nuestro hermano, está estudiando para monja o es la amante de nuestro jefe. También puede suceder que ella viva en un país comunista del que está prohibido salir. También puede ser que tenga un alto cargo en ese país, y no quiera salir.

b) Las que son difíciles de conquistar porque son muy bellas, sensuales, muy inteligentes y -por ende- no se fijan en nosotros.

c) Las difíciles porque alguna vez se fijaron en nosotros, nos dieron bola, y una vez que nos conocieron, supieron que no les gustábamos.

Estando en plan de conquista, una vieja receta no falla jamás: en la primera salida gaste como lima nueva o país en guerra.

Si no tiene la plata necesaria, pero tiene a la mina…recurra a la inventiva.

Por ejemplo, en cierta ocasión, encontrándome yo sin plata (cosa muy frecuente en mí) le pregunté a mi chica si le gustaría cenar con velas. Me respondió al instante:

– Jorge, tú sabes que a toda mujer le encanta cenar con velas.

Cuando llegó a mi casa y luego del primer pisco sour, me atreví a contarle la firme. Es decir, que me habían cortado la luz. Ya era tarde para que ella echara pie atrás. Más bien echó los dos pies para adelante y hasta se rió con mi salida, pues lo tomó con sano buen humor.

Esto es muy importante y me lo aconsejó ese gran humorista llamado Firulete: “las mujeres jamás olvidan a alguien que las ha hecho reír”. Experimente el sentido del humor con las mujeres. De seguro ello jugará a su favor.

Pruebe con un piropo histriónico. Por ejemplo, “si la belleza pagara impuestos, tú tendrías la cara llena de estampillas”.

A mí me resultó. Es cierto que ella trabajaba en Correos y Telégrafos y el piropo me sirvió de handicap.

De mi escasa experiencia con mujeres, sólo les puedo dar una sugerencia o recomendación.

No se metan jamás con una mujer flaca, pues son como los pantalones sin bolsillos.

Uno no haya donde meter las manos.