Necrológicas

La curaduría de bienes (II Parte)

Por Palmira Muñoz miércoles 27 de julio del 2016
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Como ya se señalara anteriormente la Curaduría de bienes es aquella que se da a los bienes de ciertas personas, pero que no alcanzan a su persona. La ley señala que habrá lugar al nombramiento de curador de los bienes respecto de una persona ausente, de una herencia yacente, y de los derechos eventuales del que está por nacer.
En lo que respecta a una herencia yacente la ley señala que se dará curador a la herencia yacente, esto es, a los bienes de un difunto, cuya herencia no ha sido aceptada. La curaduría de la herencia yacente será dativa. Si el difunto a cuya herencia es necesario nombrar curador tuviere herederos extranjeros, el cónsul de la nación de éstos tendrá derecho para proponer el curador o curadores que hayan de custodiar y administrar los bienes. El tribunal discernirá la curaduría al curador o curadores propuestos por el cónsul, si fueren personas idóneas; y a petición de los acreedores, o de otros interesados en la sucesión, podrá agregar a dicho curador o curadores otro u otros, según la cuantía y situación de los bienes que compongan la herencia.
La normativa establece que después de transcurridos cuatro años desde el fallecimiento de la persona cuya herencia está en curaduría, el tribunal, a petición del curador y con conocimiento de causa, podrá ordenar que se vendan todos los bienes hereditarios existentes, y se ponga el producido a interés con las debidas seguridades, o si no las hubiere, se deposite en las arcas del Estado.
Cabe señalar que en lo que respecta a los bienes que han de corresponder al hijo póstumo, si nace vivo, y en el tiempo debido, estarán a cargo del curador que haya sido designado a este efecto por el testamento del padre, o de un curador nombrado por el tribunal, a petición de la madre, o a petición de cualquiera de las personas que han de suceder en dichos bienes, si no sucede en ellos el póstumo. Podrán nombrarse dos o más curadores, si así conviniere. Ahora, la persona designada por el testamento del padre para la tutela del hijo, se presumirá designada asimismo para la curaduría de los derechos eventuales de este hijo, si antes de su nacimiento, fallece el padre. Lo anterior no tendrá lugar cuando corresponda a la madre la patria potestad.
Por otra parte, el curador de una herencia yacente, el curador de los derechos eventuales del que está por nacer, están sujetos en su administración a todas las trabas de los tutores o curadores, y además se les prohíbe ejecutar otros actos administrativos que los de mera custodia y conservación, y los necesarios para el cobro de los créditos y pago de las deudas de sus respectivos representados. Se les prohíbe especialmente alterar la forma de los bienes, contraer empréstitos, y enajenar aun los bienes muebles que no sean corruptibles, a no ser que esta enajenación pertenezca al giro ordinario de los negocios, o que el pago de las deudas la requiera. Sin embargo, los actos prohibidos en ellos a los curadores de bienes serán válidos, si justificada su necesidad o utilidad, los autorizare el Tribunal previamente. El dueño de los bienes tendrá derecho para que se declare la nulidad de cualquiera de tales actos, no autorizado por el tribunal; y declarada la nulidad, será responsable el curador de todo perjuicio que de ello se hubiere originado a dicha persona o a terceros.
Como consecuencia de lo anterior, toca a los curadores de bienes el ejercicio de las acciones y defensas judiciales de sus respectivos representados; y las personas que tengan créditos contra los bienes podrán hacerlos valer contra los respectivos curadores.
Cabe señalar que la herencia yacente cesa por la aceptación de la herencia, o por ventas de los bienes hereditarios, por el depósito del producto de la venta en las arcas del Estado.
Por su parte, la curaduría de los derechos eventuales del que está por nacer, cesa a consecuencia del parto.
Finalmente, cabe precisar que toda curaduría de bienes cesa por la extinción o inversión completa de los mismos bienes.