Necrológicas
  • José Miguel Bahamonde Bahamonde
  • Danilo Heriberto Passeron Callahan
  • Juan Hilario Ruiz Muñoz
  • Enrique Ulloa Velásquez
  • Víctor José Delgado Flores
  • Isabel Barrientos Barría

La determinación de la filiación

Nuestra legislación establece que la filiación puede ser matrimonial o no matrimonial.
[…]

Por Palmira Muñoz miércoles 12 de agosto del 2015

Compartir esta noticia
54
Visitas

Nuestra legislación establece que la filiación puede ser matrimonial o no matrimonial.
Al respecto tenemos que se presumen hijos del marido los nacidos después de la celebración del matrimonio y dentro de los trescientos días siguientes a su disolución o a la separación judicial de los cónyuges. No se aplicará esta presunción respecto del que nace antes de expirar los ciento ochenta días subsiguientes al matrimonio, si el marido no tuvo conocimiento de la preñez al tiempo de casarse y desconoce judicialmente su paternidad. Podrá ejercer las acciones legales correspondientes, salvo que por actos positivos ha reconocido al hijo después de nacido.
Regirá, en cambio, la presunción de paternidad respecto del nacido trescientos días después de decretada la separación judicial, por el hecho de consignarse como padre el nombre del marido, a petición de ambos cónyuges, en la inscripción de nacimiento del hijo. La paternidad así determinada o desconocida podrá ser impugnada o reclamada, de acuerdo a la ley.
La filiación matrimonial queda determinada por el nacimiento del hijo durante el matrimonio de sus padres, con tal que la maternidad y la paternidad estén establecidas legalmente. Tratándose del hijo nacido antes de casarse sus padres, esta queda determinada por la celebración de ese matrimonio, siempre que la maternidad y la paternidad estén ya determinadas, en caso contrario, por el último reconocimiento.
La filiación matrimonial podrá también determinarse por sentencia dictada en juicio de filiación, que se subinscribirá al margen de la inscripción de nacimiento del hijo.
En cuanto a la filiación no matrimonial queda determinada legalmente por el reconocimiento del padre, la madre o ambos, o por sentencia firme en juicio de filiación. El reconocimiento tendrá lugar mediante declaración formulada con ese objeto por el padre, la madre o ambos, según los casos: 1º. Ante Oficial del Registro Civil, al momento de inscribirse el nacimiento del hijo o en el acto del matrimonio de los padres; 2º. En acta extendida ante cualquier oficial del Registro Civil; 3º. En escritura pública, 4º. En acto testamentario.
Si es uno solo de los padres el que reconoce, no será obligado a expresar la persona en quien o de quien tuvo al hijo. El reconocimiento que no conste en la inscripción de nacimiento del hijo, será subinscrito a su margen.
El hecho de consignarse el nombre del padre o de la madre, a petición de cualquiera de ellos, al momento de practicarse la inscripción del nacimiento, es suficiente reconocimiento de filiación. No surtirá efectos el reconocimiento de un hijo que tenga legalmente determinada una filiación distinta, sin perjuicio del derecho a ejercer las acciones legales correspondientes.
Cabe agregar que el reconocimiento es irrevocable, aunque se contenga en un testamento revocado por otro acto testamentario posterior, y no susceptible de modalidades.
No perjudicará los derechos de terceros de buena fe que hayan sido adquiridos con anterioridad a la subinscripción al margen de la inscripción de nacimiento. Podrá realizarse por medio de mandatario constituido por escritura pública y facultado con este objeto.
Finalmente es preciso señalar que el hijo que, al tiempo del reconocimiento, fuere mayor de edad, podrá repudiarlo dentro de un año, contado desde que lo conoció. Si fuere menor, nadie podrá repudiarlo sino él y dentro del año, a contar desde que, llegado a la mayor edad, supo del reconocimiento. El curador del mayor de edad que se encuentre en interdicción por demencia o sordomudez, necesitará autorización judicial para poder repudiar. El disipador bajo interdicción no necesitará autorización de su representante legal ni de la justicia para repudiar. El repudio deberá hacerse por escritura pública debiendo subinscribirse al margen de la inscripción de nacimiento. La repudiación privará retroactivamente al reconocimiento de todos los efectos que beneficien exclusivamente al hijo o sus descendientes, no alterando los derechos ya adquiridos por los padres o terceros, ni afectará a los actos o contratos válidamente ejecutados o celebrados con anterioridad a la subinscripción. Toda repudiación es irrevocable. Ahora, no podrá repudiar el hijo que, durante su mayor edad, hubiere aceptado el reconocimiento en forma expresa o tácita. La aceptación es expresa cuando se toma el título de hijo en instrumento público o privado, o en acto de tramitación judicial; es tácita cuando se realiza un acto que supone necesariamente la calidad de hijo y que no se hubiere podido ejecutar sino en ese carácter.
Si es muerto el hijo que se reconoce o si el reconocido menor falleciere antes de llegar a la mayor edad, sus herederos podrán efectuar la repudiación dentro del año siguiente al reconocimiento, de la muerte, según su caso. Si el reconocido mayor de edad falleciere antes de expirar el término que tiene para repudiar, sus herederos podrán efectuar la repudiación durante el tiempo que a aquél hubiese faltado para completar dicho plazo.