Necrológicas

La estructura del Estado

¿Qué es primero… el huevo o la gallina? Esta frase que durante mucho tiempo escuché sin atender me dio vueltas desde el día viernes en mi cabeza, como consecuencia de las declaraciones de la Presidenta de la República quien indicó que la estructura del Estado chileno no estaba preparada para las reformas que se habían proyectado y formaban parte de su programa.
[…]

Por Carlos Contreras martes 14 de julio del 2015

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¿Qué es primero… el huevo o la gallina? Esta frase que durante mucho tiempo escuché sin atender me dio vueltas desde el día viernes en mi cabeza, como consecuencia de las declaraciones de la Presidenta de la República quien indicó que la estructura del Estado chileno no estaba preparada para las reformas que se habían proyectado y formaban parte de su programa.

Si bien es cierto no es posible excusar una constatación que ahora parece evidente, no podemos dejar de apuntar que en los últimos 26 años la estructura estatal ha sufrido diversas modificaciones, así como se han generado una serie de nuevas facultades que han significado una carga considerable a la labor de los funcionarios públicos. Es efectivo que las condiciones materiales en las cuales laboran los funcionarios públicos han mejorado considerablemente en este tiempo, así como también ha existido un plan de capacitación que permite cumplir con las numerosas y nuevas obligaciones legales, pero ello no es, ni será suficiente.

¿Cómo modificamos el Estado en el corazón de su estructura, estableciendo nuevas funciones que deben mejorar la vida de la ciudadanía, sin modificar, en número y perfiles, los diversos servicios públicos que lo componen? Hasta el momento la cruda realidad había dado cuenta de una realidad mentirosa, se dictaron diversas leyes que incrementaron y recargaron las obligaciones de todos los servicios públicos en general, como podemos constatar con las leyes de procedimiento administrativo, acceso a la información, probidad, y en particular, como por ejemplo, con las nuevas líneas de atención del Servicio Nacional de Menores, facultades del Registro Civil y tantos otros Servicios, sin que haya mediado un ajuste en número a sus plantas y un rediseño de sus departamentos para enfrentar las nuevas tareas… vamos, ¡póngale carga no más, hasta que aguante!, asumiendo que nuestros funcionarios públicos y su permanente disposición de servicio eran suficientes para “modernizar” al país; se redujo el número de funcionarios públicos de confianza, se estableció una ley de Alta Dirección Pública que no fueron respetadas por las administraciones, pues al final de la jornada ¡vamos contratando más honorarios!, si total Contraloría nada dice respecto de las plantas y ¡saquemos a los funcionarios de la Alta Dirección elegidos por la autoridad anterior!, pues ni siquiera derecho a indemnización tienen, borrando los actores políticos, por la razón que fuera, con el codo lo que habían escrito y votado con la mano.

La realidad es que no creo que seamos un país corrupto… como buenos chilenos somos aprovechadores de las circunstancias, trabajadores cuando nos exigen, aperrados cuando nos molestan y sacadores de vuelta si podemos, pero si queremos evitar que la corrupción se instale en nuestro sistema para no salir, es necesario discutir y resolver a la brevedad una ley de plantas para el sector público en su totalidad y no parchar más nuestro alicaído Estado y su personal. Lo anterior no sólo requiere voluntad política, sino también madurez y sentido de la República por todos los actores, pues tendremos que refundar el Estado chileno y ello debe excluir, necesariamente mezquindades y gustos personales, quizás en esta perspectiva un proceso constituyente, una nueva Constitución sea el camino.