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La ley del Chuico

Por Alfredo Soto martes 14 de febrero del 2017

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Las páginas especializadas sobre el tema antártico se han llenado una y otra vez por la noticia y expectante situacion acerca de la gran grieta que se abre paulatinamente en la Platafroma Larsen C en la Península Antártica en su margen este hacia el Mar de Weddell. Los más osados tratan de materializar en la opinión general de que se trata de algo muy catastrófico y de graves consecuencias que al terminar de leerlas ninguna de ellas tiene sólidos fundamentos para ser tan exacta en cuanto al destino y que es finalmente lo que provocara. En cuanto a los entendidos más contundentes como los de la especialidad de la glaciología tampoco son tan claros en sus explicaciones, no sabiendo con exactitud cuáles serían los efectos en el entorno inmediato del desprendimiento de unos de los más grandes iceberg registrados. Se trata de una fisura de 165 kilómetros de largo y de 500 metros de profundidad en algunos tramos y que se encuentran “enganchados” sólo 20 kilómetros de hacer perder un gran fragmento desde el continente blanco. Lo que hay que dejar en claridad es que este fenómeno es normal en cuanto al comportamiento de las plataformas de Hielo y que precisamente la Plataforma Larsen C no es la más grande de las que existen en el continente antártico.

En más de alguna oportunidad he tenido la suerte de escuchar en conferencias científicas acerca de este fenómeno que se intensifican cuando las plataformas de hielo poseen un registro de extensión amplio y que su aumento es provocado a través del tiempo en la medida que los glaciares que la circundan van fluyendo desde sus zonas de acumulación hacia las costas marinas. Esto ha ocurrido siempre y seguirán ocurriendo con el paso del tiempo. La gran diferencia es que la tecnología actual y los avances e interés por las zonas polares ha aumentado considerablemente y en poco tiempo y a través de los estudios e imágenes satelitales hoy día nos enteramos rápidamente de lo que acontece en territorios tan alejados como lo son las zonas polares, en otras palabras, somos testigos inmediatos de lo que le acontece en determinadas regiones de nuestro planeta. En estas mismas conferencias he escuchado y de manera muy armoniosa y divertida cómo se le asemeja a este fenómeno la comparación de la función de una plataforma de hielo que flota en el océano aun estando adherido al continente por una zona que se denomina “Línea de apoyo” que no es otra cosa que la línea que conecta la plataforma en tierra y luego se prolonga al mar en varios kilómetros, a la función de un tapón, como el corcho de una “chuica” cuya función sería de la de no permitir que se vierta el contenido interior de dicho envase. Al romperse parte de la Barrera sería objeto de pensar que el “corcho” se salió de la Chuica y obviamente el contenido acelerará su proceso de vaciado desde el mismo. Con esto podemos concluir que el principal problema está en la incidencia que tendrá al desprenderse este “tapón” en los glaciares aledaños que tendrán un flujo y dinámica de desplazamiento mayor hacia el mar.

Quien lo explica de mejor manera es nuestro connotado glaciólogo el Dr. Gino Casassa, quien dice que: …“Son barreras que ofrecen resistencia. Una vez que colapsan estas plataformas, el hielo fluye con menos resistencia, eso puede provocar un colapso en poco tiempo”. Eso ya pasó en las plataformas A y B, más al norte de la península, que se desprendieron en 1995 y 2002. “Cada una de estas plataformas provocó una desestabilización de los hielos interiores. Estas plataformas, mucho más allá de su entorno inmediato, tienen influencia en los hielos interiores, que al ofrecer menor resistencia al agua de mar que entra a la plataforma, comienza a acelerar el desprendimiento de glaciares. Pueden acelerarlo más de 5 veces su flujo normal”, indica el Dr. Gino Casassa. Este fenómeno ha ocurrido muchas veces y es normal en la dinámica natural de las plataformas existentes en la antártica, se tiene registro de hace más de 30 años como también en la barrera de hielo Filchner en el seno del mar de Weddell”, se situaba una base argentina y otra base norteamericana, ambas fueron abandonadas y en el momento del desprendimiento salieron a la deriva navegando en tres enormes iceberg. Uno de estos iceberg, el denominado A22-A, mantenía una superficie de 90×100 kilómetros en el año 2006 por lo tanto debemos acostumbrarnos a saber de estos acontecimientos porque estamos viviendo períodos de muchos cambios pero no de connotación exclusiva al calentamiento global.