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La nueva Constitución

Se ha iniciado el proceso constituyente en un enorme esfuerzo por integrar al máximo de chilenos y chilenas en su discusión o participación, proceso que fue antecedido por la generación de una comisión o consejo de observadores compuesta por personas de diferentes sensibilidades políticas, religiosas y sociales que ha aportado su punto de vista, que representa a todas las vertientes del pensamiento y credo de las personas que forman parte de la misma, y que le ha dado una participación que en otros tiempos no se habría concebido, razón por la cual se debe agradecer que, más allá de las diferencias, aún existan personas que anteponen los intereses de la República a los propios y mezquinos intereses particulares los que, generalmente, son políticos y económicos.
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Por Carlos Contreras martes 19 de abril del 2016
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Se ha iniciado el proceso constituyente en un enorme esfuerzo por integrar al máximo de chilenos y chilenas en su discusión o participación, proceso que fue antecedido por la generación de una comisión o consejo de observadores compuesta por personas de diferentes sensibilidades políticas, religiosas y sociales que ha aportado su punto de vista, que representa a todas las vertientes del pensamiento y credo de las personas que forman parte de la misma, y que le ha dado una participación que en otros tiempos no se habría concebido, razón por la cual se debe agradecer que, más allá de las diferencias, aún existan personas que anteponen los intereses de la República a los propios y mezquinos intereses particulares los que, generalmente, son políticos y económicos.
Por otra parte se han generado una serie de capacitaciones para que personas con las debidas competencias y conceptos nos acompañen en este camino, lo que permite aseverar que, a lo menos, el proceso va en serio y no es un mero saludo a la bandera.
Por lo anterior no me deja de impresionar que este proceso sea reclamado e impugnado por los extremos de nuestra clase, casta o montoneras políticas de nuestra Patria.
Unos dicen que en este proceso, como está concebido, participará menos del cero coma dos por ciento de la población y que en gran medida da lo mismo porque las modificaciones efectuadas en democracia ya han dejado atrás gran parte de los artículos de la Constitución que reflejaban su autoría de origen, esto es la de la Dictadura.
Otros dicen que el proceso es ilegítimo pues no está reglado y por lo mismo cualquier intento de dar una discusión al respecto no tendrá buen término pues no existe mecanismo para crear una nueva Constitución, sólo para modificarla y el procedimiento que se utiliza no es el establecido.
Otros señalan que si no es por medio de la instalación de una Asamblea Constituyente, el proceso no tendrá valor alguno. Así las cosas si los diecisiete millones de chilenos no participan de manera activa nada tendrá validez.
Además de poco útiles las opiniones, tan precisas, determinantes y seguras, parecen desconocer los procesos anteriores que dieron origen a las constituciones de 1925 y la de 1980. La primera fue consecuencia de un proceso entre conflictos sociales, amenazas de sables y bajo el liderazgo vital de un enorme estadista, pero el proceso fue opaco y al final se votaron dos proyectos sin saber, a ciencia cierta autoría o participantes; la segunda, mejor ni hablar.
Entonces, sin discutir la buena o mala fe, sólo puedo decir que prefiero avanzar en un proceso aunque no sea del todo representativo (también tenemos que pensar que hay gente que bajo ningún respecto va a participar), me permita tener la oportunidad de opinar…lo demás es parte de un verso que es más inútil aún que este proceso constituyente en ciernes.