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La obligación de educar para la democracia

El jueves 4 de junio, la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad de Magallanes realizó el foro “Una nueva política nacional docente para la Reforma Educacional”. La organización contó con el apoyo de la secretaría regional ministerial de Educación y el Colegio de Profesores, y la amplia participación de los alumnos de las nueve carreras de Pedagogía -con sus opiniones y preguntas- fue el mejor respaldo. De hecho, la actividad fue el principal estímulo para que, un día después, los estudiantes comunicaran a su decana que 59 de 89 alumnos, votaron por paralizar sus actividades de manera indefinida, para apoyar la movilización nacional liderada por el gremio docente.
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Por Juan Oyarzo domingo 12 de julio del 2015
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El jueves 4 de junio, la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad de Magallanes realizó el foro “Una nueva política nacional docente para la Reforma Educacional”. La organización contó con el apoyo de la secretaría regional ministerial de Educación y el Colegio de Profesores, y la amplia participación de los alumnos de las nueve carreras de Pedagogía -con sus opiniones y preguntas- fue el mejor respaldo. De hecho, la actividad fue el principal estímulo para que, un día después, los estudiantes comunicaran a su decana que 59 de 89 alumnos, votaron por paralizar sus actividades de manera indefinida, para apoyar la movilización nacional liderada por el gremio docente.

Pero, exactamente, una semana después, los mismos jóvenes impusieron una toma del campus de Punta Arenas, partiendo por el edificio de las Facultades de Educación y Ciencias Sociales y de Ciencias Económicas y Jurídicas, y el gimnasio de Educación Física, y siguiendo luego por todo el recinto. En tres semanas, nadie pudo ingresar a trabajar ni a estudiar a ninguna de las edificaciones del campus de Punta Arenas, y todos los integrantes del Consejo Académico de nuestra casa de estudios saben bien cuánto costó que los voceros de los alumnos, aceptaran realizar un plebiscito que, efectivamente, pusiera en manos de la totalidad de los matriculados la decisión.

Lo hemos lamentado lo suficiente, no sólo por los daños y pérdidas que han hecho noticia en los medios locales, y nos han obligado a iniciar investigaciones internas y judiciales, sino también porque es otra arista del mismo fenómeno que apreciamos cuando vemos que, por segundo año consecutivo, nuestra Universidad no tiene Federación de Estudiantes: la falta de aprecio por la democracia.

Nuestro giro es la educación y nuestra misión, la formación de capital humano avanzado, pero estos fines persiguen un bien superior, cual es el desarrollo. Y la constatación que guía esta columna de opinión nos obliga a pensar en cómo lograr el desarrollo cultural necesario, para que la democracia no dé un paso hacia atrás, máxime cuando es evidente que necesita dar varios más hacia adelante. Si nuestros jóvenes desprecian el valor de contar con una federación representativa, o de poder hacer votaciones, o de respetar una decisión mayoritaria que aprueba paro y no toma, estamos en graves problemas, porque corremos el riesgo de que esa frase acuñada tras la dictadura que rezaba “para que nunca más”, pronto se hunda en el olvido.

Más aún; estas evidencias nos han mostrado que, como adultos y formadores, hemos fallado a la hora de transmitir a los jóvenes las formas más eficaces para mantener el equilibrio ciudadano. Nos estamos haciendo cargo, apoyando el plebiscito que contó con una amplia participación estudiantil y que terminó, como broche de oro, con las tres semanas de toma aplastada por más del 70% de rechazo. Y lo seguiremos haciendo, no sólo mostrando a los jóvenes que no hay derecho a dañar el patrimonio universitario que tanto cuesta mantener a la educación pública, sino también incorporando a la formación universitaria esa educación cívica que jamás debió salir de los colegios, y menos de las casas de nuestro país.