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La prensa escrita en peligro

Por Abraham Santibáñez sábado 19 de noviembre del 2016
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¿Qué futuro tiene el periodismo escrito ante la avalancha de información digital? La pregunta no es nueva. En 1999, en Davos, Bill Gates afirmó que “los siguientes años estarán marcados por el inicio del fin de los periódicos tal como los conocemos”. Gates predijo no sólo el fin de los periódicos, sino de todas las publicaciones impresas.
El concepto se ha repetido desde entonces, con distinto énfasis. Primero Internet irrumpió en nuestra vida diaria y luego se popularizaron los equipos interconectados de bajo precio capaces de transmitir imágenes, sonidos, textos y -maravilla de maravillas- mensajes “telegráficos” de no más de 140 caracteres. Era, se insistió, el fin del periodismo más tradicional, el impreso.
La ya vieja cuestión reapareció la semana pasada en un encuentro con estudiantes de periodismo de la Universidad Central, aquí en Santiago. La invitación era para hablar de un viejo caballo de batallas, el periodismo interpretativo. Antes de agotar el tema, sin embargo, resurgió la duda acerca de lo que puede ocurrir con diarios y revistas.
La razón por la cual se ha renovado la inquietud es simple: lo ocurrido en Estados Unidos con la elección de Donald Trump, y en otros países (el Brexit, el plebiscito colombiano y hasta cierto punto la abstención en la elección municipal en Chile) se atribuye en gran medida al cambio en la manera cómo se informa la ciudadanía.
Por una parte se dice que las redes sociales simplifican en exceso. En ellas las noticias se reducen a meros titulares. Es la inesperada resurrección de la vieja técnica periodística de la pirámide invertida, pero sin ningún complemento de mayor información. Y no sólo eso: en este momento, tanto Google como Facebook están reaccionando contra las noticias falsas. La falta de profesionalismo (no se comprueban las informaciones) de quienes se expresan en las redes sociales, puede causar y ha causado efectos inesperados: en Facebook se reprodujo un supuesto comentario del Papa Francisco en que apoyaba a Trump. Parecido efecto tendría la afirmación del sitio 70News de que Trump ganaba tanto en votos electorales (cierto) como en votos populares (falso).
Lo anterior es suficiente para insistir en que los medios escritos siguen siendo necesarios. Pero hay, también, una autocrítica de la prensa tradicional. Ya los grandes medios que apoyaron la candidatura de Trump están revisando los eventuales errores en que incurrieron. Nadie, sin embargo, ha sido tan autocrítico como Mónica Maggioni, presidente de la RAI de Italia. Dijo en un encuentro en México hace unos días:
“Estamos desconectados de la realidad. Salimos a la calle a buscar las historias que teníamos en nuestras mentes en lugar de reportar las que estaban ahí fuera”.
Si se remedian estos problemas, el futuro de la prensa podría ser menos incierto. Pero es difícil.