Necrológicas
  • Fresia Ojeda Ojeda
  • Walter Segundo Emmott Ronfelt
  • Tomislav Martic Radojkovic
  • Eduardo Canales Verdejo
  • Lorena Gómez Vera
  • Clodomiro Bahamonde Montaña
  • Daniel Guentelicán Cárcamo

La servicialidad del Estado

Por Carlos Contreras martes 7 de agosto del 2018

Compartir esta noticia
59
Visitas

La Constitución Política de la República contiene en el artículo primero diferentes deberes del Estado que, en los dichos del profesor Luis Cordero Vega, “son prescripciones constitucionales imperativas y absolutamente primordiales en la definición del quehacer del Estado” (Lecciones de Derecho Administrativo, segunda Edición, Editorial Thomson Reuters); dentro de estas prescripciones está el principio de servicialidad del Estado, cuando expresa en su artículo primero, inciso cuarto, que “el Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y cada uno de los integrantes de la comunidad nacional a su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece”, y que, en dichos del autor citado, “este inciso 4° establece deberes, a mi juicio, de lealtad y de honestidad en las relaciones del Estado con las personas, las cuales han sido previamente declaradas libres e iguales en dignidad y derechos. Su actuación debe contribuir al desarrollo óptimo de las personas y en ese sentido, se proscriben las actitudes o comportamientos oportunistas e injustas del Estado para con ellos”.

En términos sencillos la servicialidad del Estado implica que la actuación de los órganos del Estado debe considerar siempre por objeto el generar las condiciones que permitan la mayor realización espiritual y material de las personas, siempre considerando que debe respetarse los derechos de cada uno de los integrantes de la sociedad. 

El problema es que cotidianamente nos damos cuenta que dicho principio dista mucho de ser considerado en el día a día de la administración del Estado, desde la selección de los funcionarios, que dicho sea de paso cada vez presentan menos postulaciones de profesionales con experiencia y estudios que prefieren el mundo privado a cargos directivos en el Estado por la precariedad y falta de estabilidad en atención a los vaivenes políticos y los cambios de administración, pasando por la elaboración de los proyectos en beneficio de la comunidad y concluyendo con su ejecución.

La servicialidad del Estado no tiene relación con la mera asistencia o la generación comunitaria de recursos (léase bingos) como lo precisó hace un par de semanas un ministro de Estado, sino con la obligación de atender al ser humano en sus necesidades más básicas y en las colectivas que no pueden dejarse al mundo privado, por parte de la estructura que nos hemos dado: el Estado.