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La trampa de la posverdad

Por Abraham Santibáñez sábado 10 de diciembre del 2016

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Al fin el tema llegó al Vaticano. En una durísima comparación (dijo que los medios de comunicación que difunden rumores sin fundamento y escándalos falsos son como las personas que tienen una fijación sexual con el excremento), el Papa Francisco condenó las noticias falsas que han estado circulando profusamente en Internet.
Como recordó él mismo, hay quienes creen que fueron noticias falsas las que contribuyeron al triunfo de Donald Trump. David Alandete, comentarista del diario El País, de Madrid, fue más allá y preguntó: “¿Quién puede criticar a 62 millones de norteamericanos por haber votado por Donald Trump, si el Papa pidió a los católicos que lo hicieran para que ‘América sea fuerte y libre’?”. Hubo otras mentiras, ninguna tan brutal pero que, en la guerra sucia de la campaña, parecen haber tenido un efecto mayor a lo que nadie anticipó.
No se acusa al electo Presidente norteamericano de ser el inventor de esta corriente, pero sí hay constancia de que acérrimos partidarios suyos usaron mentiras deliberadas y hechos falsos para apoyarlo. El Pew Center, un centro independiente de reconocida solvencia, estimó que millones de personas fueron engañadas a través de Facebook, plataforma utilizada por 60 millones de norteamericanos para informarse de la contienda electoral.
Investigaciones del más alto nivel de diarios como The New York Times o The Washington Post pusieron en evidencia algunos de estos casos. Se cree que la responsabilidad recae en el uso de complejos sistemas automáticos que no pueden distinguir verdad de mentira, sino que se basan en la cantidad de veces que se repite una notica.
Es lo que se ha definido como la “posverdad”, neologismo que comprende “circunstancias en que los hechos objetivos son menos decisivos que las emociones o las opiniones personales a la hora de crear opinión pública”. Es la versión 2.0 del antiguo dicho: “Miente, miente, que algo queda”, frase atribuida a Joseph Goebbels, ministro de propaganda del nazismo.
“La desinformación es probablemente el principal pecado en el que incurre un medio, porque dirige la opinión pública hacia una sola dirección y omite parte de la verdad”, señaló el Papa en una entrevista para Tertio, una publicación belga. El pontífice instó enérgicamente a que el periodismo sea más claro, transparente y no caiga en la coprofilia, la atracción hacia lo fecal.
Sin embargo, no cabe duda de que la primera responsabilidad reside en la facilidad con que las redes sociales recogen y multiplican informaciones no comprobadas. Steve Coll, decano de la Escuela de Periodismo de Columbia, estimó que “en los últimos tres meses de la campaña, las noticias falsas que tuvieron mayor eco en las redes superaron con creces a las de los medios tradicionales”.