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  • Carmen Alvarez Alarcón
  • Valeria Aguilar Díaz

La Transparencia no es un regalo, es un deber

Por Gabriel Boric domingo 10 de septiembre del 2017
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Transparencia es la cualidad que presenta un objeto que deja pasar la luz, pudiendo verse a través de él. Lo contrario de transparencia es la opacidad, que nos dificulta o imposibilita ver el interior de algo. Esas son definiciones muy simples cuando se trata de describir cosas, pero que se vuelven más complicadas a la hora de aplicarlas a las personas. Sobre todo a medida de que éstas ascienden en la escala del poder y forman parte de instituciones que resguardan primero sus propios intereses antes que los de la ciudadanía.

Durante años nos dijeron que este no era un país corrupto y que las instituciones funcionaban. Que eso de los sobornos era propio de países “tercermundistas” y “bananeros”, no de nuestro ordenado y limpio Chile. Pero algo se quebró y las grietas nos dejaron ver el interior de una maquinaria que nos había sido ocultada desde el regreso a la democracia. Una que relacionaba íntimamente política y empresariado, no sólo en cuanto al financiamiento de campañas políticas sino también al punto de influenciar directamente en el trabajo legislativo. Como por ejemplo, en el caso de la Ley de Pesca.

La propia institución donde trabajo, el Congreso, no ha estado libre de cuestionamientos. De hecho, ha sido justamente su falta de transparencia la que la posiciona como una de las instituciones más cuestionadas por la ciudadanía. Y hoy un nuevo incidente vuelve a llamar la atención sobre la transparencia y el buen uso de los recursos públicos: el pago de asesorías de parte del senador Alejandro Guillier por documentos que resultaron ser simples “copy & paste” de documentos ya publicados por el propio Congreso.

Pero esto no es todo: dos reportajes en televisión han destapado numerosos plagios de fuentes tan insólitas como la antigua revista Icarito. Uno de los casos más llamativos es el revelado por Ahora Noticias, en que se constató que la bancada de la Udi gastó 199 millones de pesos en asesorías externas, donde 190 millones fueron a parar a la Fundación Jaime Guzmán, quienes entregaron varios informes donde más de la mitad eran plagiados a documentos de acceso público. Además, se encontró que esta fundación entregaba documentos duplicados a varios parlamentarios, pero con contratos distintos para cada uno de ellos por la suma de 236 millones de pesos.

Todos los parlamentarios necesitan asesorías para poder cumplir su labor, pues son muchos los temas que abordan en el ejercicio de su labor y nadie es experto en todo. Pero la contratación de estas asesorías deben ceñirse a criterios de probidad y de sentido común. Y sobre todo de transparencia, cualidad que no está demostrando el Senado cuando su presidente Andrés Zaldívar le niega a la Fiscalía información sobre la contratación de asesorías a los senadores, alegando de que se debía contar con el consentimiento de los autores de dichos documentos. Eso obviando el hecho fundamental de que se trata de gastos realizados con dinero público y de todos los chilenos.

Estas denuncias son graves y debemos exigir que se investiguen debidamente. Ciertamente ha sido un gran aporte el que han hecho los medios de comunicación a la hora de investigar irregularidades y fiscalizar a las autoridades. Pero también necesitamos reafirmar la transparencia como un valor inherente a la actividad política. Nuestra diputación lo ha asumido desde el principio, publicando toda la información sobre nuestras asesorías y sueldos en nuestro sitio web www.gabrielboric.cl y dando a conocer todas nuestras actividades mediante la edición de un boletín mensual. Porque la transparencia no es un regalo que los políticos demos a la gente, es simplemente un deber que todos debemos cumplir.