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La última guerra de Trump

Por Abraham Santibáñez sábado 11 de enero del 2020
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El asesinato a sangre fría del general Qassem Soleimani, ordenado por Donald Trump, es sólo una muestra de su nula estatura moral.

No vaciló en usar su enorme poderío tecnológico para eliminar con drones de alta precisión al carismático dirigente iraní. Con característico menosprecio por un tercer país, Irak, aprovechó que Suleimani estaba en el aeropuerto de Bagdad para lanzar el mortífero ataque.

El comentarista Mark Mazzetti resumió con claridad el panorama en The New York Times: “Los poderes del Presidente estadounidense para iniciar una guerra se han fortalecido durante casi dos décadas, desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, que llevaron a Estados Unidos a una era de conflicto perpetuo”. Es una situación de riesgo para todo el planeta. Pero con Trump resultó todavía peor, ya que, según el mismo comentarista, “esos poderes ahora están en manos del Presidente más volátil en la historia reciente”.

Hasta hace poco el principal conflicto desencadenado por Trump -la guerra comercial con China- amenazaba a toda la humanidad produciendo un cruel empobrecimiento de los países periféricos, incluyendo a Chile. Pero no había un riesgo directo que involucrara a los seres humanos. Junto con anunciar que está dispuesto a hacer la paz con China, Trump descubrió otro enemigo. Esta vez el conflicto puede traducirse en muertes en cualquier parte del mundo.

El conflicto con Irán ha durado cuatro décadas, pero, gracias a Barack Obama, parecía que no habría sorpresas. Ahora, tras la muerte de Soleimani, líder de la Fuerza Al Quds, unidad de la Guardia Revolucionaria creada durante la guerra entre Irán e Irak, Trump abrió un complejo avispero. Son, por lo menos, tres situaciones explosivas: el choque entre los musulmanes chiitas y los sunitas; el conflicto de Irán con Israel principalmente, aunque no exclusivamente, de origen religioso, y el ya largo enfrentamiento de Estados Unidos con Irán.

Tras un largo período en que el Sha Mohamed Reza Pahlevi contó con el fuerte apoyo norteamericano, en enero de 1979 se vio forzado a abandonar el poder presionado por los revolucionarios islámicos. Era un personaje difícil de definir: concedió algunas reformas democráticas, pero usó la Savak, una dura policía represiva. Además, sobre la base de la riqueza del petróleo se dio lujos extravagantes que irritaron profundamente a los iraníes.

Lo que siguió es una historia clásica: con el ayatola Jomeini convertido en líder supremo, los fundamentalistas ocuparon por año y medio la embajada de Estados Unidos en Teherán. Cuando finalmente los rehenes fueron liberados, Estados Unidos rompió sus relaciones diplomáticas.

Años más tarde, el Presidente Obama logró algunos avances. Uno de los hechos más paradojales por lo que ocurrió después, fue la ayuda recibida del propio general Qassem Soleimani. Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, el recién asesinado general habría entregado valiosa información sobre su enemigo, el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.

Por un momento, tras el ataque, pareció que se había encendido la mecha de la violencia. Pero, pese a un ataque con misiles contra instalaciones norteamericanas en Irán, se moderó el tono agresivo.

Pero este es un terreno donde todo puede cambiar con rapidez, incluso mientras se imprime un comentario.