Necrológicas
  • Aroldo Andrade Andrade
  • María Lucinda Levill Levill

La usina se apagó y la doctora no llegó

Hay un rumbo de los aviones en su viaje al norte que permite ver desde la altura el lugar donde habitamos. En medio de la inmensa estepa patagónica, sorprende ver cercanos los poblados de Puerto Natales, Río Turbio y 28 de Noviembre. Desde la altura uno entiende lo mucho que nos une y las cercanías afectivas, pese a fronteras mezquinas impuestas por los Estados. Sólo quienes vivimos  lo cotidiano, entendemos que aquí hay un destino común que ha  generado puentes indestructibles entre chilenos y argentinos.
[…]

Por Ramón Arriagada miércoles 20 de abril del 2016

Compartir esta noticia
508
Visitas

Hay un rumbo de los aviones en su viaje al norte que permite ver desde la altura el lugar donde habitamos. En medio de la inmensa estepa patagónica, sorprende ver cercanos los poblados de Puerto Natales, Río Turbio y 28 de Noviembre. Desde la altura uno entiende lo mucho que nos une y las cercanías afectivas, pese a fronteras mezquinas impuestas por los Estados. Sólo quienes vivimos  lo cotidiano, entendemos que aquí hay un destino común que ha  generado puentes indestructibles entre chilenos y argentinos.

El mineral de Río Turbio a partir de 1950 dio trabajo a muchos chilenos. Son los años en que Puerto Natales, debido al cierre del Frigorífico Natales, hoy desaparecido, estuvo a punto de quedar despoblado.

Con el tiempo, los sueños del carbón hicieron posible levantar en el lugar una moderna termoeléctrica, recién inaugurada, antes de la partida de la Presidenta Cristina Fernández. Por algunos días quemó el carbón acumulado para alegría de los habitantes del lugar. Una inversión de US$500 millones ahora está en la mira acuciosa de la nueva administración, pues se presume que muchos de los dineros gastados en su instalación fueron a dar a los bolsillos de  políticos kirchneristas.

Lo concreto es que la explotación subterránea del carbón en Río Turbio no es capaz de entregar materia prima a las instalaciones para comenzar a inyectar electricidad a la carretera energética argentina. De acuerdo a lo expresado por el presidente de la CPC Magallanes en una reunión con el ministro de Minería del vecino país, desde nuestra región se podría alimentar la termoeléctrica, total a nosotros nos sobra carbón, obtenido desde la mina Invierno. El ofrecimiento fue aceptado por el personero argentino con entusiasmo. La duda aparece respecto a cómo se transportaría dicho mineral a su destino.

El sueño natalino siempre estuvo dirigido a procurar hacer cada vez más habitable nuestra ciudad. Ello se traducía en tener acceso a una  atención de salud básica y a una aceptable educación. De no mejorar ambas condiciones se hacía cuesta arriba la posibilidad de radicación de las personas, pese a nuestras potencialidades de empleo en turismo y acuicultura. El gobierno escuchó las peticiones locales y entregó los dineros para un hospital de una envergadura  jamás imaginada. Además, el edificio contará con una vista paisajística espectacular y privilegiada.

Las instalaciones hospitalarias requieren de personal médico, prioritariamente, especialistas en algunas atenciones básicas. Esta cuestión se ha tornado un aspecto no previsto ni visualizado en su complejidad. Más aún cuando se ha tomado conocimiento en estos días que una médico se niega a venir a cubrir una especialidad para la cual ya estaba comprometida. No valieron los argumentos a favor de residir en Puerto Natales y luego las multas a aplicar por su negativa. Aunque las autoridades no han contado toda la verdad, por lo que señala un diario electrónico natalino, el asunto fue producto de un mal manejo de la autoridad de salud regional.

No desearía en el futuro que los rioturbienses miraran su orgullo tecnológico como algo inanimado, un monumento a la frustración, de una comunidad que soñó con ese complejo como fuente de trabajo para las nuevas generaciones.

Tampoco desearía que percibiéramos a nuestro hospital como un consultorio-sanatorio, donde  el único privilegio sería morir, teniendo como escenario de nuestra última mirada terrenal ese paisaje celestial que el Creador nos obsequió.