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Las ovejas negras

Por Jorge Abasolo lunes 16 de abril del 2018

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Las llamadas ovejas negras (rara avis) de una familia, son -en estricto rigor- buscadores innatos de caminos de liberación para el árbol genealógico.

Son algo transgresores con las leyes y colisionan con los reglamentos. No se adaptan muy fácilmente. Para ellos, lo que más vale en una persona es su capacidad de insatisfacción.

Aquellos miembros de un árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del sistema familiar, aquellos que desde chicos buscaban afanosamente alterar las creencias y no encorsetar el pensamiento, yendo en franca contravención de los caminos ya trazados por las tradiciones familiares. Aquellos criticados (Mahatma Gandhi), juzgados (Albert Schweitzer) y hasta rechazados (Luther King).

Esos, frecuentemente son los llamados a  marcar surco y camino, a cuestionar las tradiciones por el mero hecho de serlas. Son los escogidos para sacudir el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones  enteras.

Las ovejas negras, esas que se resisten a solazarse en el conformismo, a mí me conmueven. Son las que convierten su rebeldía en acciones o ideas tonificantes, no promueven la revolución de las masas, sino que procuran la revolución interna, la única que nos puede conducir a una sociedad cuajada de paz y armonía. Difunden pensamientos que gritan en su silencio, los que promueven ideas conciliatorias, que reparan y hasta desintoxican. De este modo, crean una original y llamativa rama en el árbol genealógico.

En virtud de estos miembros, nuestros árboles refuerzan sus raíces. Su rebeldía es tierra fructuosa; su locura es agua que baña los prejuicios que solo pasman y paralizan. Su terquedad es brisa renovadora; su apasionamiento es fuego que enciende los sueños ya rotos de aquellos que se arredran ante la primera dificultad.

Son los “pájaros raros” de toda sociedad, los extravertidos, los locos o los descocados. A mí me caen bien pues tienen pensamiento y motor propios.

Cuando la brújula de las conciencias deja de señalar lo que es bueno y lo que es malo, se navega como un barco a la deriva, sin rumbo y sin puerto. Entonces, asoman estos seres extraños para no alarmarse con la impaciencia. Escrutan a fondo los hechos hasta dar con la iniciativa adecuada para sortear la adversidad. En esos instantes de apremio se les considera. Pasada la borrasca societal, se les relega al olvido… y el mundo vuelve a esa fase cuasi normal que muchas veces muta en tedio.

Paradojalmente, estos estereotipos no se jactan de estar sobre los demás, no desdeñan a nadie y tienden a comprender, más que a etiquetar.

Hacen carne el pensamiento de Montesquieu: “J’ai toujours vu que por réussir dans le monde le monde il fallait avoir l’air fou et etre sage” (siempre he advertido que para triunfar en la vida conviene parecer loco y ser, no obstante, sabio)

Si encuentra a uno de estos estrambóticos seres…sígalo.

No se arrepentirá.

Disfrutan más con la acción que con la VIDA CONTEMPLATIVA

Intentan convertir los sucesos en ideas, y cuando fracasan…vuelven a comenzar

Los conejos saltan y viven ocho años.

Los perros corren y viven 15 años. Las tortugas no hacen nada y viven 150.

MORALEJA: No hacer nada es saludable.