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Lo que nos dejó el Apolo 11

Por Abraham Santibáñez sábado 13 de julio del 2019
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Esa noche de invierno nos acostamos más tarde que de costumbre. La temblorosa imagen en blanco y negro de los primeros hombres en la luna nos llegó al borde de las 11 de la noche del 20 de julio de 1969. Neil Armstrong nos dejó una frase inolvidable: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.

La misión espacial de la nave Apolo 11, hace 50 años, fue sin duda un gran hito histórico. Consolidó la era espacial iniciada por los soviéticos con el Sputnik I. Cumplió un largo sueño de la humanidad que había descrito Julio Verne y filmado Georges Melies. Pero también fue el triunfo de la voluntad política de John Kennedy que había anunciado su decisión de “enviar y depositar un hombre en la Luna, y traerlo de vuelta a salvo” antes del fin de la década.

Millones de personas se emocionaron al ver entonces “en vivo y en directo” lo que ocurría en la luna, a 384.400 kilómetros de la tierra, al sur del Mare Tranquilitatis.

Creímos en ese momento que se estaba concretando las promesas de un futuro esplendoroso.

No sabíamos lo que ocurriría en el medio siglo siguiente. Tampoco sabíamos, en ese tiempo, que había mucha información oculta. Por ejemplo, sólo salió a luz en esta época de reivindicación femenina, el papel de un grupo de mujeres negras. Años antes la Nasa había recurrido a un grupo de mujeres para hacer los cálculos indispensables para el éxito de los viajes espaciales. La más destacada de ellas fue Coleman Goble Johnson quien en 1953 entró al Departamento de Guía y Navegación del Comité Asesor para la Aeronáutica (Rebautizado como Nas). Ella hizo el cálculo de la trayectoria del vuelo espacial de Alan Shepard,​ el primer norteamericano en el espacio, en 1961.

En 1962, cuando la Nasa comenzó a utilizar computadores electrónicos para determinar la órbita de John Glenn alrededor de la Tierra, se le pidió a Coleman que verificara la exactitud de los resultados de la máquina.​ Según Wikipedia, cuando se empezaron a usar equipos digitales, “su capacidad y reputación por la exactitud de sus cálculos ayudaron a establecer la confianza en la nueva tecnología”. Su momento más glorioso fue cuando fijó la trayectoria del vuelo del Apolo 11 hacia la luna.

Esta misión significó, en los hechos, el final de una “década prodigiosa”. Ese período quedó marcado por una serie de acontecimientos que nos llenaron de ilusiones. Fueron los años de la descolonización de Asia y Africa; el triunfo -lleno de esperanzas entonces- de Fidel Castro; el inicio de un auspicioso proceso de integración europeo.  Juan XXIII fue elegido Papa e invitó a los fieles a abrir las ventanas de la Iglesia Católica. En Estados Unidos, Kennedy ofrecía una nueva frontera, cuyos ecos llegaron hasta Chile, con la Alianza para el Progreso. Un resultado concreto fue la Reforma Agraria, la sindicalización campesina y la promoción popular.

Sin embargo, el paso a la década siguiente echó por tierra buena parte de estas esperanzas. El progreso no es tan simple como parecía. La parafernalia tecnológica no nos comunica mejor. Y, en buenas cuentas, no vivimos en un “mundo feliz”.

Es un tema sobre el cual habrá que volver.

Anotemos por ahora que el 24 de julio, los tres astronautas lograron un perfecto amarizaje en aguas del Pacífico. La misión del Apolo 11 había terminado.