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Los batallones olvidados de aquel 1978

Por Ramón Arriagada miércoles 5 de diciembre del 2018

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No ha existido correspondencia en los recuerdos de lo sucedido en aquel fatídico año 1978 en  Argentina, cuando dos países  gobernados por militares, estuvieron a punto de llevar a sus ciudadanos a un enfrentamiento bélico de proporciones. Felizmente dentro de la inocencia televisiva en Chile de promover -el supuesto sacrificio ciudadano por dar su vida defendiendo sus fronteras- surgen voces cautas, que proyectan los costos de haberse materializado la irracionalidad de la guerra.

Da la impresión como que en la sociedad argentina aún hay muchos sentimientos de culpa por haber permitido que desalmados con uniforme, hayan penetrado a la vida política y gubernamental -dirigiendo el país irresponsablemente- hacia una catarsis guerrera, que tuvo su culminación en la irresponsable declaración de guerra a una potencia armamentista y colonizadora como Inglaterra, al tratar de recuperar las islas Malvinas.

Tanto en Chile como en Argentina en 1978 había heridas sociales profundas; dictaduras temibles en la violación de los derechos humanos; difícil fue creer las animosidades entre gobernantes que años antes abrieron sus fronteras para acciones represivas contra opositores ideológicos.

Nadie -en estos días- ha ido a entrevistar a los ciudadanos chilenos, residentes en Río Gallegos y otras ciudades del sur argentino. Ningún periodista fue a los barrios Evita y Belgrano para conocer los días de terror que vivieron pobladores  chilenos de Río Gallegos (Argentina) cuando se les tenía como  “escudos humanos”, si se llegaba a producir una derrota argentina en los frentes de batalla.

Qué decir de las humillaciones vividas cuando Chile se decide a apoyar a la Corona Inglesa en la guerra por las Malvinas. He conversado con muchos de ellos y aún hablan con mucha amargura de esos días vividos. Por eso son “kirchneristas de corazón”, pues en la administración como gobernador de la provincia argentina de Santa Cruz de Néstor Kirchner, recién fueron considerados ciudadanos con iguales derechos.

En ningún reportaje apareció el drama social que se vivió en Puerto Natales después de la abortada guerra de 1978. En la década de los setenta de acuerdo a datos censales, Puerto Natales tenía 13.765 habitantes y en las faenas del mineral de carbón se estimaba había 2.800 chilenos. Eran los años en que el Estado de Chile, mayormente no se preocupaba de esta parte del país; éramos pobres y costaba mucho mantener las regiones extremas y aún más, poblarlas. Las bonanzas del cambio de moneda, hacía de los trabajadores del carbón, la aristocracia obrera. En el libro “Los hombres del carbón” (2004) un  viejo dirigente del carbón, lo grafica, “éramos los señores, respetados y bien  mirados por todos, la mayoría vivíamos en lindas casas y muchos tenían buenos y modernos autos”.

El cierre de frontera por lo inminente del conflicto bélico, impide a muchos de los trabajadores volver a trabajar al yacimiento de carbón argentino; otros prefieren no insistir el volver ante el maltrato de militares y policías fronterizos. Muchos, la mayoría, serán devueltos a sus regiones de origen, de preferencia Chiloé. Se produce en las ciudades de la cuenca carbonífera argentina (Río Turbio y 28 de Noviembre) lo que un autor argentino llamará eufemísticamente una “depuración poblacional”.

Lo chilenos del sur extremo fueron los “batallones olvidados”, para Puerto Natales y los habitantes que se quedaron  días tristes, de estrecheces, un capítulo de nuestra historia para no recordar. Soldados sin charreteras, luchando por sobrevivir en un escenario de guerra, que nadie quiso ese año 1978.