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Los pioneros de la ganadería ovina en Tierra del Fuego, los Salesianos y la polémica sobre la extinción selknam (7ª parte)

Por Marino Muñoz Aguero domingo 11 de febrero del 2018

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Los establecimientos ganaderos de la Patagonia y Tierra del Fuego se instalaron antes que llegaran los estados con sus instituciones. Esto último no fue garantía alguna de administración de justicia, por los nexos entre el poder económico y el poder político. Los destacamentos policiales, por ejemplo, se emplazaban dentro o en las inmediaciones de las propias estancias, como es el caso del Puesto Policial “José Menéndez” que funciona hasta el día de hoy y que se encuentra ubicado 14 kms. al sur de Río Grande, Argentina, en el empalme de la Ruta Nacional Nº 3 y la Ruta Provincial B, esta última es la que conduce a la Estancia “José Menéndez” o “Primera Argentina”.

En el sector chileno en 1909, la totalidad de los comisarios rurales eran funcionarios, accionistas o socios de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (Harambour, “Monopolizar la violencia en una frontera colonial. Policías y militares en Patagonia austral (Argentina y Chile, 1870-1922)”, 2016)

En esta columna dominical hemos repasado algunos aspectos referentes al impacto de la colonización ganadera en Tierra del Fuego a partir de 1880, el más grave de ellos referido al genocidio de la etnia selknam, acción catalogada como tal, y respaldada por fuentes documentales y testimoniales por los historiógrafos que se han dedicado al tema. Si lo llevamos a cifras, en el lado chileno de la isla se estima en dos a tres centenares los indígenas asesinados, en tanto, las bajas de los “blancos” llegan a un número de diez individuos. (Mateo Martinic, “Historia de la Región Magallánica”, 2006, tomo II, pag.  820).

Respecto de los responsables del genocidio, ya en 1973 Martinic sostenía acertadamente: “La gran responsable directa por delito de acción lo fue la colonización ganadera como acción económica impersonal y abstracta que en su avasallador desarrollo eliminó los obstáculos que se le oponían pues su avance representaba una demostración manifiesta de progreso y civilización, no importando que aquel se amasara con sangre y dolor inocentes y ésta resultara escarnecida. Lo fueron los colonizadores, si queremos personalizar, instrumentos a veces ciegos de un designio inhumanamente mercantilista; están sus empleados superiores y sus sirvientes, entre los cuales aquellos miserables que conscientemente se prestaron para criminales actividades” (Martinic, “Panorama de la colonización en Tierra del Fuego entre 1881 y 1900”, 1973). El historiador reproduce íntegramente el mismo párrafo, salvo la alternancia de tres palabras que no afectan el sentido de aquel, en sus libros “La Tierra de los Fuegos” (1981), pag. 96 e “Historia de la Región Magallánica” (2006), tomo II, pag. 821. A continuación en los mismos trabajos, también alude a la responsabilidad por omisión del gobierno chileno y a la sociedad en su conjunto por permitir un “virtual genocidio”, en nombre del “darwinismo social”.

Por lo anteriormente expuesto, nos extraña lo planteado por Martinic en 2001, cuando se refiere a la eventual responsabilidad que les habría cabido a José Menéndez y Mauricio Braun por los excesos cometidos por sus subordinados, en tanto, hubieran estado en conocimiento de los procedimientos utilizados por éstos: “Pero, aunque así hubiera sido (lo que no consta), en una apreciación que requiere de objetividad para ser justa -y ello obliga a considerar la materia a la luz de las ideas del tiempo-. cabría exculpar a Braun y a Menéndez en tanto que ambos -se reitera – participaban del concepto del darwinismo social en boga” (Martinic, “Braun Menéndez, Prohombres patagónicos”, 2001, pag.146). Dejemos de lado a Menéndez y a Braun (que por lo demás no fueron los únicos colonizadores en Tierra del Fuego) y centrémonos exclusivamente en el razonamiento de Martinic respecto de la exención de responsabilidad. Con el respeto que nos merece este historiador, manifestamos que exculpar a alguien (da lo mismo a quien) aludiendo a un concepto social y temporalmente en boga (Martinic menciona el “darwinismo social”) nos podría llevar entonces a exculpar a todos aquellos que, en distintas épocas y espacios, actuaron adhiriendo o amparándose en conceptos tan disímiles como “defensa de la revolución”, “guerra interna”, “guerra fría”, “seguridad nacional” u otros.

En relación a la causa última del conflicto entre colonos y aborígenes, fue la ocupación ovina (posible gracias a la entrega de vastas extensiones de terrenos, por parte de los gobiernos de Chile y Argentina a unas pocas empresas ganaderas) la que desplazó a la población originaria de los territorios, que ésta consideraba eran de su propiedad y que, a partir de un momento, vieron invadidos por ovejas y cercados por alambres. Ese y no otro fue el origen del conflicto, no obstante, por años ha circulado en el imaginario popular, el majadero discurso que los problemas empezaron porque los aborígenes robaban ovejas y cortaban las alambradas.

Harambour señala que el robo de alambre y ovejas para consumo no era el principal objetivo de las emboscadas de los naturales, éstas eran prácticas de sabotaje a la actividad ganadera invasora de su territorio (Harambour, “Un viaje a las colonias. Memorias y diario de un ovejero escocés en Malvinas, Patagonia y Tierra del Fuego (1878-1898)”, 2016, pag.93). Lo cierto es que los selknam robaban ovejas en cantidades superiores a lo que podían comer, pero muy inferiores a las infladas cifras que denunciaban los estancieros.

Finalmente, cabe acotar que el desplazamiento territorial producto de la colonización ganadera, también afectó a los aonikenk (tehuelches) del ecúmene continental, con la diferencia que, salvo incidentes aislados, no fueron víctimas de la violencia aplicada respecto de los selknam.

Nota: Todos los trabajos y libros de Mateo Martinic y Alberto Harambour aquí mencionados están disponibles en internet, con la sola excepción de “Un viaje a las colonias…” (Harambour).