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Más iguales que otros

Por Gloria Vilicic Peña jueves 15 de agosto del 2019

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El discurso por la igualdad o equidad se ha vuelto un tópico político fundamentado en ideologías más que en datos empíricos. Pero lo que más me llama la atención es cómo ese discurso igualitario se va transformando en políticas discriminatorias por el Estado. Como un conocido escritor parodiaba sobre las revoluciones, el discurso igualitario siempre termina generando alguna práctica estatal discriminatoria que lleva que algunos terminen gobernados sobre el resto: “Todos somos iguales, sólo que algunos son más iguales que otros”, como afirmaban los protagonistas de su novela. Permítame citar un ejemplo local: Si usted quiere conocer el poblado más nortino de nuestra región, Puerto Edén deberá tomar el transbordador a esta localidad. Cuando compre el pasaje, descubrirá cómo el Estado aplica, en la práctica el principio de igualdad. Niños y adultos mayores pagan sólo la mitad del valor del pasaje recurrente, siempre y cuando sean chilenos. Las personas en edad laboral pagan la tarifa recurrente, salvo que sean extranjeros, los cuales deben pagar casi cuatro veces el valor del pasaje valor. Algo extraño ocurre aquí entre la teoría y la práctica de la igualdad estatal y la igualdad en el mercado. Mientras el Estado regula los cobros de pasaje entre Puerto Natales y Edén en forma discriminatoria, la empresa privada aplica una tarifa plana y a todos por igual en el trayecto Puerto Natales y Tortel, por ser un trayecto no regulado estatalmente.

La pregunta que uno se hace es ¿por qué a los niños y adultos mayores extranjeros el Estado no les aplica la misma norma, al menos en proporcionalidad al valor del pasaje que pagan los adultos extranjeros en el trayecto a Puerto Edén? ¿Y por qué los turistas extranjeros deben pagar casi cuatro veces más que los turistas chilenos por orden del Estado en el mismo trayecto? Todos los seres humanos somos iguales, pero dependiendo al parecer de las circunstancias y políticas públicas o privadas, a veces somos algunos más iguales que otros. ¿Y cuál es la lógica del Estado de cobrar casi cuatro veces el valor del pasaje recurrente a los extranjeros y no dos veces o cien veces? Quizá detrás de esta norma se esconda la intencionalidad de que los turistas que vienen sólo a usar una vez nuestros parajes prístinos deban pagar más por pasar por estos lugares. Lo curioso es que el mayor flujo de personas que vienen y salen de la región son extranjeros que nos visitan como turistas. ¿Qué señal estamos enviado internacionalmente cuando no los tratamos como iguales? ¿No debiera ser el turismo el motor de nuestra economía?

La ideología de la igualdad esconde muchas intencionalidades políticas, principios colectivistas y populistas que al tratar de concretarse en la realidad, comienzan a mostrar sus propias contradicciones. Luego nuestros políticos se engolosinan con el discurso igualitario, sin sopesar las consecuencias que traerán sus leyes y regulaciones. Mientras usted lee esta columna el día de hoy, yo voy viajando en el transbordador a Puerto Edén, mientras me sigo preguntando ¿por qué “todos somos iguales y algunos son más iguales que otros?” No me extrañaría que en un próximo viaje el Estado termine aplicando tarifas discriminatorias “positiva” tarifaria para las mujeres, para justificar el discurso de  género. O se proponga que los integrantes de familias vulnerables paguen menos o nada, para justificar el  discurso de la “Desiguldad”, con la hasta ahora acostumbrada práctica de discriminar negativamente a los extranjeros, mientras los privados aplican la igualdad de precios del mercado a raja tabla a todos. ¿Señoras y señores políticos, cómo es la cosa, somos o no somos iguales? ¿O será que algunos son más iguales que otros dependiendo de las circunstancias e idolologías políticas?