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Más poder para las regiones

Por Carolina Goic lunes 23 de mayo del 2016

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“Las decisiones importantes para las regiones se siguen adoptando en Santiago con escaso conocimiento de las realidades y dinámicas locales; las políticas públicas se siguen aplicando con un criterio centralista y sin considerar las particularidades de cada territorio”

“Estamos en una encrucijada: O nos embarcamos en esta tarea país, o Chile seguirá siendo un polvorín y nos tendremos que acostumbrar a los conflictos, los que tal vez se tornen cada vez más violentos y difíciles de resolver”

Nos equivocamos si pensamos que el estallido social que se registró en la isla de Chiloé se debe solo a la marea roja. Me atrevo a hacer esta afirmación con la experiencia de haber visto antes fenómenos similares en otros territorios del país, como en mi región, Magallanes, así como también en Aysén y en las comunas de Tocopilla y Calama.

¿Qué hay detrás de estas manifestaciones que se han ido repitiendo en el tiempo? Me atrevo a decir que todos ellos son la consecuencia lógica del malestar y rabia que se ha ido acumulando por años en muchas regiones del país, debido a la incapacidad de los gobiernos de dar soluciones integrales a sus demandas, lo que ha ido incubando una creciente sensación de abandono.

Es lógico que sea así. Las decisiones importantes para las regiones se siguen adoptando en Santiago con escaso conocimiento de las realidades y dinámicas locales; las políticas públicas se siguen aplicando con un criterio centralista y sin considerar las particularidades de cada territorio, y las regiones carecen de facultades para decidir por sí mismas el destino de sus recursos y sus estrategias de desarrollo.

Estas realidades deben hacernos reflexionar sobre el país en que deseamos vivir. En este sentido, y dados los hechos que hemos presenciado en Chiloé, considero que es hora de impulsar un pacto nacional, lo más amplio posible, para avanzar hacia un auténtico proceso de descentralización, a partir del cual el Estado establezca una nueva forma de relacionarse con sus regiones, entregándoles más autonomía política, administrativa y económica.

Es de máxima prioridad hacerlo, porque es evidente que con las falencias actuales seguiremos siendo un caso de desarrollo frustrado. Los países inteligentes son aquellos que aprenden de las experiencias exitosas y si miramos el camino que transitaron Alemania, Francia e Inglaterra, nos daremos cuenta que todos ellos alcanzaron la calidad de vida que hoy gozan cuando fueron capaces de darles más poder a sus territorios.

Por eso mismo, estoy convencida que una de las tareas que con mayor urgencia debemos abordar es definir la forma en que vamos a organizar nuestro país desde el punto de vista administrativo, de modo que -resguardando nuestro carácter unitario- las regiones puedan desplegar sus enormes potencialidades y ser sujetos activos de su proceso de desarrollo.

Actualmente hay una Agenda de Descentralización en curso que debemos valorar, sobre todo si consideramos que se trata de la primera vez en la historia que se hace un esfuerzo de este tipo. Sin embargo, debo ser sincera en advertir que el contenido de los proyectos aún es tímido, sin mucha convicción y no pareciera haber en todos los sectores una real voluntad de descentralizar.

Estamos en una encrucijada. O nos embarcamos en esta tarea país, o Chile seguirá siendo un polvorín y nos tendremos que acostumbrar a los conflictos, los que tal vez se tornen cada vez más violentos y difíciles de resolver.