Necrológicas
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Metacohecho

Por Alejandra Mancilla domingo 10 de julio del 2016

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El prefijo meta, de origen griego, designa a algo que viene “después de” o está “más allá”. Así por ejemplo, mientras la física intenta describir la realidad, la metafísica se pregunta por la estructura de la realidad misma; y mientras la ética se ocupa de los estándares de acción moral correcta, la metaética pone esos estándares bajo la lupa, cuestionando entre otras cosas la cualidad de los juicios morales y sus pretensiones de validez. Siguiendo con la analogía, el cohecho electoral consiste en entregar beneficios (generalmente pecuniarios, o en especies o servicios) a cambio de votos, mientras que el metacohecho sería la entrega de beneficios (también pecuniarios, en especies o servicios) a cambio de hacer que quienes pueden votar efectivamente lo hagan. ¿Suena familiar?

Hace unos días, el senador DC Patricio Walker solicitó el patrocinio del Ejecutivo a un proyecto de ley para incentivar a las personas, principalmente jóvenes, a participar en las elecciones. Esto, tras los altos porcentajes de abstención en las últimas elecciones y en las recientes primarias, luego de que Chile acabara con el voto obligatorio. El proyecto establece que “el Estado debe establecer estímulos para los ciudadanos que libremente decidan participar de las decisiones políticas” y contempla tres tipos de beneficios. Para el día mismo de la votación, se ofrecen servicios como guarderías en los lugares de votación y  transporte gratuito. Para después, en especies, hay medio día de descanso compensatorio para los votantes. A eso siguen beneficios pecuniarios, directa o indirectamente: los jóvenes que voten tendrán preferencia en el acceso a becas y subsidios, y tal vez hasta una rebaja de diez por ciento en la matrícula de educación superior. Además de todo esto, a los votantes se les dará preferencia a la hora de postular a cargos del Estado.

¿Por qué hablar de metacohecho en este caso, y por qué debería parecernos preocupante?

Cuando en otros tiempos los patrones de fundo llevaban a sus peones a votar por el candidato de su preferencia so pena de quedarse sin trabajo si se rehusaban, y con promesa de canasta familiar si accedían, lo que estaba en cuestión no era si votar o no valía la pena, sino por quién valía la pena votar. Más recientemente, quienes han ofrecido desde pan de pascua hasta corderos navideños a sus potenciales votantes no han dudado de que los últimos asistirán a las urnas; más bien, sobre la base de que asistirán a las urnas es que se ha intentado comprar sus preferencias. Aquí, en cambio, estamos en un escenario en el cual la asistencia misma a los locales de votación es la que está en cuestión. No se trata ya de influir en las preferencias de los votantes, sino en lograr que éstos actualicen su potencialidad, como dirían los aristotélicos. Es por eso que este proyecto puede interpretarse como metacohecho: no se trata de comprar el voto de nadie en particular para que vote por nadie en particular; lo que se trata es de convencer mediante estímulos materiales a los ciudadanos para que tomen parte y legitimen con ello a un sistema seriamente deslegitimado. Cuando hay cohecho, cada candidato lucha por comprar sus propios votos. Cuando hay metacohecho, el conjunto de candidatos luchan por comprar al conjunto de la ciudadanía desencantada, para así poder seguir llamándose con algo de legitimidad sus “representantes”.

La propuesta del senador Walker debería preocuparnos tanto como las altas abstenciones que de hecho se han registrado en las últimas elecciones. Así como el cohecho habla de malas prácticas dentro de la política, el metacohecho es un síntoma de que la política misma es vista como una mala práctica por quienes debieran ser sus protagonistas. Y ese cambio de percepción, lamentablemente, no se soluciona con pequeños sobornos eufemísticamente llamados incentivos.

http://elojoparcial.wordpress.com