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Micrófonos difíciles

El jueves, casi una semana después del comienzo del incendio en el vertedero Santa Marta, el gerente general Rodolfo Bernstein reconoció en Tele13radio que, como ingeniero civil, no tiene facilidad para hablar en público. Fue su manera de responder tangencialmente respecto de los dichos, el día anterior, del presidente de la empresa, Guillermo Ruiz.
[…]

Por Abraham Santibáñez sábado 23 de enero del 2016

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El jueves, casi una semana después del comienzo del incendio en el vertedero Santa Marta, el gerente general Rodolfo Bernstein reconoció en Tele13radio que, como ingeniero civil, no tiene facilidad para hablar en público. Fue su manera de responder tangencialmente respecto de los dichos, el día anterior, del presidente de la empresa, Guillermo Ruiz.

Con escasa simpatía, Ruiz declaró: “Lamentamos que esta situación haya afectado a la cantidad de personas que afectó, pero, por otro lado, tenemos que decir que este accidente no ha tenido víctimas ni daños, nadie aquí ha muerto”. La última frase molestó a los miles de santiaguinos que habían experimentado  problemas por el humo y los malos olores del incendio.

Es que, como dijo el ingeniero Bernstein, no basta con decir algo frente a los micrófonos. En casos de crisis, las empresas deben dar la cara. Pero, ello es más complejo de lo que parece. Eso explica la abundancia de asesores comunicacionales que tratan de controlar los errores de los voceros. Los peores problemas que hemos experimentado los chilenos en los últimos doce meses han sido agravados al ser abordados por personeros, dirigentes sociales y empresarios que han hablado sin medir sus palabras.

Desde Sebastián Dávalos a Jorge Sampaoli, decenas de personajes no han mostrado suficiente al enfrentar los micrófonos.

Dávalos y, más tarde, su esposa Natalia Compagnon pusieron en aprietos a la Presidenta Michelle Bachelet con sus explicaciones a medias. Sampaoli fue un ídolo para una gran mayoría hasta que se supieron sus millonarios ingresos y entonces se enojó porque trascendió el monto de sus ganancias. Tampoco le gustó que se publicara que se creía un “rehén” en nuestro país. Por meses dijo sentirse vigilado; en su obsesión pidió en un momento que impidieran el tránsito en las inmediaciones de Juan Pinto Durán y constantemente dio como un hecho que la ley era distinta para él.

No es el único que se siente exento de pagar impuestos como cualquier hijo de vecino. No le molestaba depositar clandestinamente sus ganancias en algún paraíso fiscal. A juzgar por sus reclamos, dejó la impresión de que hay chilenos (o extranjeros, como él) que se sienten al margen de ciertas responsabilidades básicas; políticos que creen que son los otros ciudadanos los que están obligados a decir la verdad; empresarios que niegan toda acusación hasta que llegan a un acuerdo en tribunales para lograr una sentencia que no los lleve a la cárcel.

No hay, por cierto, asesoría comunicacional alguna que absuelva a los pecadores. Pero, sí, como entendió el ingeniero Bernstein, ha quedado claro que lo mejor en todos estos casos es no rehuir responsabilidades y aceptar las consecuencias.