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#modofrancisco

Por Eduardo Pino viernes 12 de enero del 2018

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Visitas

La visita del Papa Francisco a Chile es difícil que resulte indiferente para alguien, incluso para los que se declaran ajenos a una adscripción religiosa o espiritual, ya que las críticas no se han hecho esperar. Desde la alta suma de dinero que costaría la venida del Sumo Pontífice, hasta la queja de día feriado en los lugares donde se encontrará. Respecto al dinero, se espera recolectar aportes voluntarios que logren cubrir los cerca de $4.000 millones que cuesta, por lo que la expectativa es que los mismos feligreses y personas cercanas al catolicismo logren cubrir esta onerosa cifra; más allá que el Estado chileno coloque a disposición la organización necesaria ante la venida de un Jefe de Estado. Lo que sí sorprende es que algunos se quejen por un feriado acotado geográficamente, ya que a esas mismas personas nunca las hemos escuchado reclamar por feriados religiosos como Semana Santa o Navidad, los que utilizan para descansar o pasear sin mucho cuestionamiento ideológico.
Lo cierto es que este viaje del primer Papa de origen latinoamericano contrasta bastante con el acontecido hace casi 31 años por Juan Pablo II. Desde el significado de las visitas, el contexto histórico y hasta el carisma que presenta cada uno, hacen de la comparación un ejercicio tan poco justo como inevitable.
En 1987 la venida de Karol Wojtyla no presentó prácticamente oposición ni crítica. Tanto el gobierno militar como la oposición veían la oportunidad de legitimar sus ideas en una vitrina mundial pocas veces presentada, además del gran carisma espiritual, valórico, moral y comunicacional reconocido mundialmente ante el líder de la Iglesia Católica. La imagen de Pinochet junto a Juan Pablo II en el balcón de La Moneda quedará como una de las postales más potentes de la historia de nuestro país, así como los discursos acerca de la represión que pobladores de “La Bandera” le expresaron mientras acontecían violentos desórdenes en lo que era una celebración religiosa. El protocolo de la actual visita no contempla foto en el balcón con la actual Mandataria (la anterior tampoco), y el clima social es completamente distinto. El número de ciudades visitadas es menor, así como los días de permanencia. Probablemente el encuentro con jóvenes en Maipú no tendrá la repercusión ni significado que tuvo la inolvidable jornada en el Estadio Nacional (donde los jóvenes estaban dispuestos a renunciar a … casi todo). Temáticas sociales como la inmigración ni siquiera se insinuaban en la agenda de 1987, así como otras situaciones tan complejas, delicadas y dolorosas referidas a víctimas de abusos sexuales por parte de algunos integrantes de la Iglesia. Por otra parte, a Juan Pablo II se le esperaba con esperanza y mucho agradecimiento por la mediación en el conflicto del Beagle en 1978, mientras a Francisco muchos le esperan con curiosidad para aclarar su apoyo a Bolivia en la demanda marítima.
Pero más allá de todo esto, las diferencias observadas son una clara evidencia que nuestro país ha cambiado, mostrando una mayor diversidad que si bien es positiva y deseable respecto a la libertad y expresión que podemos observar y practicar, nos debe llevar a una necesaria comunicación e integración que posibilite la tolerancia y convivencia. La radicalización e inflexibilidad de las ideas, tratando de imponer forzosamente una declaración de principios sólo porque se tiene la convicción de estar en lo cierto, históricamente nos ha mostrado una antesala trágica más que productiva e integradora. Por eso es que, más allá de las ideas que legítimamente cada uno sostenga, la invitación es a escuchar el mensaje de Francisco, sin expectativas ni comparaciones previas, sin pretender que se referirá y contestará todo, o que las respuestas que nos entregue necesariamente calcen y agraden a nuestros oídos.
Jorge Bergoglio es el líder de la institución más convencional y tradicional de la historia de la Humanidad. Aún así, ha dado muestras de romper simbólicamente algunos de estos convencionalismos, tratando de acercar la Iglesia a la gente. Más allá que algunos interpreten esto como populismo o un genuino intento de amor cristiano, es una figura a nivel mundial que resulta interesante e inspiradora, tal como su lema: “Mi paz les doy”. Cada uno verá si aprovecha para su espíritu esta visita y como vivirá su #modofrancisco.