Necrológicas
  • Fresia Ojeda Ojeda
  • Walter Segundo Emmott Ronfelt
  • Tomislav Martic Radojkovic
  • Eduardo Canales Verdejo
  • Lorena Gómez Vera
  • Clodomiro Bahamonde Montaña
  • Daniel Guentelicán Cárcamo

“Niño antipoeta”: la necesidad de respetar y educar integralmente

Por Eduardo Pino viernes 10 de agosto del 2018

Compartir esta noticia
176
Visitas

Hasta hace unos días en que apareció en una entrevista de un canal de televisión en horario prime, no tenía idea de la existencia de Jorge Rivas, más conocido por su autodenominación de “niño antipoeta”, en alusión al genial Nicanor Parra. A pesar que hace algunos meses había sido entrevistado y aparecido en algunos matinales, además de tener un canal en YouTube donde emite sus comentarios, parece que su fama se ha multiplicado exponencialmente después de compartir con Eduardo Fuentes una conversación que llamó la atención de mucha gente en las redes sociales, adquiriendo una caja de resonancia mayor.

En ella destaca su amplio dominio de vocabulario producto de su afición a la lectura, por lo que emite un abanico de opiniones acerca de variadas temáticas que no resultan habituales en un niño de 9 años. Su tono impostado, su exageración en algunas reacciones, su permanente crítica (en ocasiones ácida y radical), entre otras cosas, fueron el detonante para que la mayoría de las personas emitieran una opinión desfavorable acerca de su actitud, la que consideraban fuera de lo esperado y deseable para un niño de su edad. El fenómeno observado se vuelve especialmente complejo si consideramos especialmente dos aspectos: uno es que había opiniones muy agresivas y  violentas que más que dar un punto de vista, directamente se burlaban de Jorge, no sólo aludiendo a su forma poco convencional de expresión y trato con su interlocutor, ya que además reiteraban la necesidad de que leyera menos y jugara más para controlar su sobrepeso, terminando por festinar y faltar el mínimo respeto que se espera en una comunicación humana, pero que parece escasear bastante en las redes sociales donde el anonimato parece ser un escudo infranqueable que permite decir cualquier cosa. El otro aspecto a considerar es que este “vómito” de mensajes, que resulta complejo de recibir para cualquier persona, estaba dirigido a un niño de 9 años, en una dinámica distorsionada y bizarra que debería avergonzarnos a todos. Es como si la gente al escuchar a un niño hablar como adulto (por más que algunas de sus actitudes se evalúen como poco acertadas), se sintiera con el derecho a criticar descarnadamente utilizando los parámetros que utilizaría ante un adulto, olvidando que es un niño con un desarrollo y pensamiento en formación.

He visto un par de videos de hace un tiempo de este autodenominado “niño antipoeta” y me han parecido interesantes, valorando que un niño se preocupe de leer y compartir su experiencia con otros niños, invitándolos a un mundo que cada vez se ve más limitado por la fascinación que provoca la tecnología en los infantes. Cada vez más vemos a adolescentes y niños subir sus creaciones a las redes sociales para comunicar y compartir sus habilidades e inquietudes, lo que le da un muy buen sentido a la existencia de esta autopista comunicacional global.  Pero si analizamos la actitud de Jorge en algunos de sus videos antiguos (sólo hace unos meses atrás), se puede ver que el efecto de ser conocido e identificado le ha afectado, construyendo sin darse cuenta un “personaje”, lo que observamos en tanta gente que aparece en televisión. A diferencia del adulto que estratégicamente crea este rol para llamar la atención del público, un niño de 9 años probablemente no estará planeando ni realizando cálculos para un fin específico, sino expresando lo que naturalmente piensa y especialmente siente. Si como él mismo lo ha dicho, no tiene amigos y se encuentra aislado de su entorno social de pares en su escuela, no extrañaría la ácida y visceral crítica que hace de varios aspectos  a su alrededor, opacando otros análisis bastante acertados acerca de temáticas que ha ido estudiando. Me preocupa que por su repentina fama, los adultos a su alrededor confundan el legítimo derecho a ser auténtico y singular, con aceptarle  “cualquier cosa” que salga de su boca, lo que redundará en una adaptación social deficiente producto de una escasa empatía y asertividad, habilidades que se están formando y requieren de una orientación, apoyo, establecimiento de límites y mucha comunicación. Debemos estimular la expresión en los niños desde un punto de vista integral, considerando que tan importante como saber un contenido o emitir una opinión, es fundamental considerar el respeto, la tolerancia y colocarse en el lugar del interlocutor, lo que en un niño no significa coartar, sino entregar herramientas que enriquecerán su inteligencia emocional, evitando exponerlo innecesariamente a la insensibilidad y maltrato de tanta gente. Ojalá le demos menos atención al “producto niño antipoeta” y nos preocupemos más de Jorge Rivas, el niño.