Necrológicas

No hay peluquerías en la Antártica

Por Alfredo Soto martes 14 de enero del 2020
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En plena faena de apoyo a una expedición antártica proveniente de Colombia, me encuentro con que quienes lideran las actividades a desarrollar en el continente blanco son expertas mujeres en materias de estudios aeroespaciales, lo que para mí no es sorpresa ya que en muchas ocasiones he compartido viajes a la Antártica con mujeres algunas integrantes de instituciones armadas de los operadores antárticos como así también profesoras e investigadoras.

Una infinidad de excusas y por mucho tiempo habían sustentado la determinación de excluir a las mujeres del trabajo de exploración y de investigación antártica. Se sabe que las primeras mujeres candidatas habrían sido rechazadas con excusas sobre la falta de instalaciones femeninas en las diferentes bases y refugios antárticos, poblados de valientes y rudos exploradores e investigadores antárticos. En alguna oportunidad y en intercambio de opiniones con respecto a esta “veda femenina en la Antártica” se recordó de una carta de rechazo que una mujer había recibido, negándosele la posibilidad de participar en una expedición a la Antártica, en la carta decía: “que… no había instalaciones para mujeres en la Antártica, es decir, no había un baño separado, no había tiendas para shopping y que obviamente no había peluquerías…”.

En 2015, un equipo de 76 mujeres científicas de todo el mundo participó en la expedición femenina más grande jamás realizada en la Antártica. La expedición “Homeward Bound” que incluyó a varios científicos británicos y coincidió con un aniversario para las mujeres británicas en la Antártica: habían pasado 30 años desde que las mujeres trabajaron por primera vez en una estación de campo de la British Antarctic Survey (BAS) programa antártico británico. En ese momento, los hombres británicos habían estado dirigiendo la ciencia en el continente durante más de 80 años. Este proyecto que aún se mantiene en los rangos de ejecución y de organización,

Homeward Bound es una iniciativa innovadora de liderazgo global, establecida en el contexto de la Antártica, cuyo objetivo es aumentar la influencia y el impacto de las mujeres en la toma de decisiones que dan forma a nuestro planeta.

Ingrid Christensen hizo cuatro viajes a la Antártica con su esposo Lars en el barco Thorshavn en la década de 1930, convirtiéndose en la primera mujer en ver la Antártica, la primera en sobrevolarla y, posiblemente, la primera en aterrizar en el continente antártico. En 1931, Christensen navegó con Mathilde Wegger. La expedición avistó y nombró la montaña Bjerkö el 5 de febrero de 1931, convirtiendo a Christensen y Wegger en las primeras mujeres en estar realmente en la Antártica.

Y así con el tiempo, lentamente se fueron adecuando las circunstancias del rol a cumplir no tanto por ser mujer sino como un miembro más de las expediciones y dotaciones, el progreso continúa para las mujeres en la ciencia y en la exploración antártica. Muchas de las Bases de distintas nacionalidades no sólo han tenido investigadoras que ocupen los recintos sino también han comandado sus propias instalaciones, tanto así que algunas han sido premiadas por Athena SWAN, que destaca las actividades en instituciones en donde prevalece el respeto y la intención de adquirir programas de diversidad de género. Afortunadamente, con estas narrativas más amplias podemos proporcionar modelos de roles más diversos y seguir inspirando a las próximas generaciones a ver la ciencia antártica como un campo inclusivo.