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No más Filosofía, ¡dále con lo mismo!

Por Marcos Buvinic domingo 4 de marzo del 2018

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Esta semana concluyó la primera parte de su misión en Chile el enviado del Papa, el obispo de Malta, Charles Scicluna, con la escucha a las víctimas de abusos que denuncian complicidades y encubrimientos de dichos abusos por parte del obispo Barros -de Osorno- y otros obispos formados por Karadima; misión de Scicluna que se amplió en la escucha de víctimas de las congregaciones marista y salesiana. Es la primera parte de la misión, pues ahora queda esperar que entregue su informe al Papa y éste nos haga saber sus decisiones para seguir enfrentando estos dolorosos problemas de la Iglesia en Chile.

Mientras tanto, otras situaciones también nos preocupan. Tal es el caso de lo sucedido en el Consejo Nacional de Educación que ha vuelto a la carga con un extravagante acuerdo en que señalan que la asignatura de filosofía es considerada como necesaria, dado que es un aporte significativo al desarrollo del pensamiento crítico, lógico y científico de los estudiantes; sin embargo, no hay acuerdo en dicho Consejo que sea una asignatura pertinente para la formación general de los estudiantes de 3° y 4° Medio.

¿Quién entiende estas idas y venidas de la terca obstinación de suprimir o reducir significativamente la asignatura de filosofía? ¿Quién entiende que se afirme que es una asignatura “necesaria” para el desarrollo del pensamiento crítico, lógico y científico de los estudiantes, pero -al mismo tiempo- se diga que no hay acuerdo en que sea una asignatura “pertinente” para la formación de los estudiantes?

A estas alturas la odiosa obstinación por eliminar las clases de filosofía resulta incomprensible y es fastidioso tener que volver a afirmar la necesidad y la pertinencia de las clases de filosofía para los alumnos de 3° y 4° Medio y ojalá lo fuera también para los alumnos de cursos inferiores. En los medios de comunicación algunos dicen que esta es “una pelea chica”.

De concretarse esta opinión, se llegaría al absurdo de eliminar una asignatura que ayuda al desarrollo del pensamiento lógico, cuando es ese pensamiento lógico el que se echa tanto de menos en los diálogos y debates públicos, o… en quienes afirman que la asignatura es “necesaria” pero “no es pertinente”… Sería la incomprensible eliminación de la asignatura que inicia a los estudiantes en el estudio de la ética, precisamente cuando nuestra sociedad vive un penoso déficit ético presente en todos los casos de corrupción en diversas instituciones de la sociedad.

Sería el absurdo de eliminar la asignatura donde, en una sociedad cada vez más tecnificada y marcada por el pensamiento científico, los estudiantes pueden recibir conocimientos básicos de filosofía de las ciencias para avanzar en diversas áreas de la ciencia sin que les pasen gato por liebre con discursos pseudo científicos.

Es el absurdo de pretender eliminar una asignatura donde los estudiantes pueden aprender a reflexionar críticamente y analizar la sociedad en que vivimos sin caer en los espejismos ideológicos que distorsionan o destruyen el desarrollo de la sociedad cada vez más democrática que el país busca.

Es de esperar -una vez más- que las autoridades del Ministerio de Educación, que tiene como misión “asegurar un sistema educativo inclusivo y de calidad que contribuya a la formación integral y permanente de las personas y al desarrollo del país”, no permitan que se consume esta incomprensible propuesta.

Quisiera terminar recordando que en el siglo XIX se acuñó en Alemania la expresión “fachidiot” (“idiota especializado”) para indicar a los ingenuos encandilados con alguna ciencia particular que -desde la perspectiva de su materia científica- pretendían conocer y juzgar toda la realidad. La peligrosa presencia de los “idiotas especializados” ha sido denunciada por filósofos de cuño tan diverso como K. Marx (en “La miseria de la filosofía”) o como José Ortega y Gasset, para quien el “idiota especializado es el que domina una materia e ignora con altanería todas las demás”.

El descuido del cultivo de las humanidades -en general- y de la filosofía -en particular- o su lugar periférico y su tratamiento superficial en el sistema educacional y universitario, así como en la misma vida académica, nos pone ante el peligro del dominio social y político de los “idiotas especializados” que no logran empatizar con las necesidades del ser humano en el plano de la ética, del conocimiento de sí mismo y de los demás, del cultivo de las artes y admiración de la belleza, y de la construcción de una sociedad democrática. El “idiota especializado” no comprende la vastedad de la cultura humana ni el conjunto de las necesidades del ser humano. Es la manifestación de lo que ya señalaba Rousseau, en el siglo XVIII: “los antiguos políticos hablaban incesantemente de costumbres y de virtud; los nuestros sólo hablan de comercio y de dinero”