Necrológicas

¿Novedades en la Iglesia?

Por Marcos Buvinic domingo 4 de noviembre del 2018

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En medio de la crisis que vive la Iglesia en Chile, muchos se preguntan qué novedades hay en la vida eclesial, fuera de las informaciones de los medios de comunicación acerca de denuncias de abusos, de los procesos judiciales, de las autoridades de la Iglesia que declaran en los tribunales, de la escasa credibilidad institucional, etc. ¿Pasa algo en la Iglesia en Chile?

En realidad pasa mucho y pasa poco. Mucho que no es noticia y tiene que ver con la vida de las comunidades, con la discreta y eficaz acción del Espíritu de Dios en los católicos que viven su fe en medio de estos temporales, y que -al mismo tiempo- se preguntan por los pasos a ir dando para enfrentar la crisis. Y pasa poco en los pasos concretos para ir enfrentando esta crisis.

Entre lo mucho que pasa -pero no en Chile- es que esta semana terminó en Roma el Sínodo sobre los jóvenes en la Iglesia, en el cual -durante tres semanas- obispos y jóvenes de todo el mundo dialogaron sobre la fe cristiana, la vida eclesial y la realidad juvenil.

El breve espacio de esta columna no nos permite hacer una síntesis de las propuestas que se aprobaron en el Sínodo, más que reseñar algunos temas. Como que ningún joven sea excluido de la vida eclesial y se ayude a integrar cada vez más la dimensión sexual en su personalidad, pues “es reductivo definir la identidad de las personas a partir de su orientación sexual”. También piden un mayor reconocimiento y valorización de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia, pues “la ausencia de la voz y la mirada femeninas empobrecen el debate de la Iglesia y el camino, restando al discernimiento una contribución preciosa”, por lo que el Sínodo “recomienda que todos sean más conscientes de la urgencia de un cambio inevitable, también a partir de una reflexión antropológica y teológica sobre la reciprocidad entre hombres y mujeres”.

Sobre los abusos de poder, de conciencia, sexuales y económicos, “el Sínodo reafirma su firme compromiso con la adopción de medidas preventivas rigurosas que impidan su repetición”, al tiempo de denunciar la evidente falta de responsabilidad y transparencia con la que se han manejado muchos casos. También rechazan todo tipo de clericalismo, que es una comprensión elitista del ministerio sacerdotal como un poder, en lugar de un servicio libre y generoso, y que “nos lleva a creer que pertenecemos a un grupo que tiene todas las respuestas y ya no necesita escuchar y aprender nada, o finge escuchar”.

Piden crecer en la sinodalidad para ser una Iglesia participativa y corresponsable, en la que nadie sea puesto de lado, y piden “a las Conferencias Episcopales y a las Iglesias particulares a continuar este camino, participando en procesos de discernimiento comunitario que también incluyan a aquellos que no son obispos en las deliberaciones”.

Todo esto es valioso, porque es el incipiente despertar de la conciencia de un nuevo modo de ser Iglesia, frente a un modo de ser Iglesia que ha fracasado en sus formas de organización y de gestión, y la muestra de su fracaso es la crisis de los abusos. Sin duda es valioso, pero aún es sólo un documento, y podría suceder que sólo sea un documento más entre tantos otros.

Lo poco que ha pasado en la vida de la Iglesia tiene que ver -precisamente- con la necesidad de ir más allá de documentos y declaraciones para superar la parálisis que tiene inmovilizada a la Iglesia en Chile.

A pesar de la magnitud de la crisis que vivimos, los católicos seguimos esperando que se den pasos concretos en el modo de enfrentar -entre todos- la crisis que nos afecta. Si esta crisis no ha sido -hasta ahora- la ocasión para convocar a los católicos a un proceso de diálogo, reflexión y renovación, ¿qué tendría que ocurrir para que eso suceda?, ¿qué tendría -entonces- que suceder para que se realice un Sínodo de la Iglesia en Chile, con participación -desde las bases- de los católicos del país? 

Somos muchos los miembros de la Iglesia que esperamos que los obispos de nuestro país sean capaces de enfrentar el inmovilismo que afecta a nuestra Iglesia en medio de la crisis que vivimos, y puedan convocar al Pueblo de Dios a la búsqueda de un nuevo modo de ser Iglesia. Próximamente los obispos de Chile tienen su asamblea plenaria, esperamos que puedan dar pasos que convoquen a todos -como ha señalado el Papa Francisco- “a repensar la Iglesia para que sea conforme al Evangelio que debe anunciar”.