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Orgullo y pena

Por Diego Benavente viernes 13 de abril del 2018

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Con gran orgullo durante las últimas semanas fuimos testigos de dos noticias de importantes inversiones en el extranjero de una de las empresas más grandes de Chile como lo es Arauco, propiedad del grupo Angelini, quienes producto de sus plantaciones de pino y eucalyptus, establecidas en gran superficie en las regiones del Biobío, La Araucanía y Los Ríos, nos están haciendo famosos en el mercado mundial forestal, de la celulosa y la madera, convirtiéndose en una compañía global. Una de estas inversiones es una fábrica de paneles que se construye en Michigan y que será la más grande de su tipo en EE.UU. con una inversión proyectada de US$400 millones. Y recientemente, sólo un par de semanas después, se supo que la misma empresa evalúa comprar la firma Lwarcel de celulosa en Brasil por US$540 millones, cuya capacidad de producción es de 250 mil toneladas de celulosa al año, lo cual pretende elevar a un millón en el futuro.

En paralelo a la noticia de la inversión en Estados Unidos, en el mismo medio nacional y el mismo día, salió una columna del ex contralor de la República, el abogado Ramiro Mendoza, titulada “La costa olvidada”, en la cual da cuenta de su recorrido por la costa sur del Biobío, toda La Araucanía y Los Ríos o parte norte de Los Lagos. En su relato la describe como “una costa que en la mayoría de su recorrido demuestra, desde sus kilómetros sin pavimento, expresiones evidentes de olvido, carencias y, en cierto modo, descuido grave en las políticas públicas que debiesen focalizarse centralmente en arrancar a las personas que allí viven de las garras de la pobreza y la despreocupación”. Al describir lo que allí está ocurriendo y al compararlo con la concentración del desarrollo y las inversiones, por ejemplo desde la Ruta 5 hacia la cordillera, constata que “se está produciendo una centralización de la descentralización, que la está dejando fuera del crecimiento distributivo y equitativo que corresponde a la región en su conjunto”.

Lo curioso de todo esto y la pena que produce, es que el territorio y las localidades asociadas a la “costa olvidada”, son precisamente las áreas forestales donde se ubican las inversiones y se funda el potencial de la misma empresa que triunfa en el mundo global. Es una pena que el mismo territorio, sea testigo mudo del Chile ganador que exporta y hace grande al país y su economía, y sea a su vez prueba fehaciente del Chile perdedor, aquel que Mendoza lo describe acertadamente como las personas que “viven bajo las garras de la pobreza y la despreocupación”.

Algunos podrán sostener que estos son los resultados del “modelo”, sin embargo cualquier modelo económico que se precie de tal, debe tener en cuenta a todos los actores del territorio y establecer las compensaciones correspondientes de modo que nadie se quede abajo del carro del desarrollo. Y no como ocurre hoy donde muy pocos disfrutan de los beneficios y la mayoría de quienes están en el territorio, se limitan a ser simples observadores de como circulan los camiones con los troncos y la madera de aquí para allá. Ya sea por lo centralizadas y desvinculadas de la realidad que son las políticas públicas o porque no existen los incentivos adecuados para que las grandes empresas tengan que jugárselas, junto a sus comunidades locales por un desarrollo inclusivo, que los involucre a todos. A una empresa como Arauco, le sería muy fácil, si tuviera los incentivos adecuados, poder generar las articulaciones y emprendimientos pertinentes que, gracias a su capacidad de gestión, contactos y equipos profesionales, podrían ser capaces de generar desde empleo de calidad hasta el surgimiento de nuevas empresas asociadas a la economía local.