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“Oro viral”: el Santo Grial de nuestras redes sociales

Por Eduardo Pino viernes 11 de enero del 2019

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pocos días de comenzar el presente año, ya contamos con el primer video viral que ha dado para hablar en las redes sociales, siendo noticia obligada en los noticiarios centrales de nuestros medios de comunicación, además de convertirse en publicidad de una aerolínea e incluso de una marca de preservativos, más una avalancha de ingeniosos memes y creaciones relacionadas. Todo en tiempo record. 

Aunque ud. no sea un ávido buscador de este tipo de material ni se encuentre pendiente gran parte del tiempo de las redes sociales, es altamente probable que sepa de lo que estoy hablando, a menos que practique un envidiable aislamiento y desconexión de su entorno mediático.

El lograr que un contenido subido a la red se convierta en viral se ha transformado en el Santo Grial para muchas personas, que incluso han encontrado en la obtención de “likes” un estilo de vida donde encauzar sus capacidades e inquietudes. Algo un tanto complejo de comprender para las generaciones más adultas, pero muy natural y atractivo para los más noveles.

Pero si analizamos las cifras aproximadas de información que se maneja en las redes sociales, resulta interesante la dificultad que tendremos para dimensionar la magnitud de contenidos a los que nos encontramos expuestos, en un ejercicio parecido a tratar de darse una idea de las distancias en el universo. Por ejemplo, cada minuto se estima que ingresan 2.460.000 contenidos en FaceBook, 277.000 twitts, 216.000 fotos en Instagram, 72 horas en YouTube o 4 millones de búsquedas en Google. Si multiplicamos por las horas que tiene una semana o un mes solamente, probablemente obtendremos un buen mareo. Cada cierto tiempo (cada vez más acotado) uno de estos contenidos se convierte en viral, lo que en ocasiones fue producto del azar y en otros el resultado de un trabajo arduamente buscado.

Aunque aún no se ha establecido una fórmula que asegure el éxito para que un contenido se convierta en “oro viral”, algunos expertos coinciden que provocar una reacción emocional parece ser lo central. Estas emociones pueden ser tanto positivas como negativas, aunque se ha observado que las positivas tienden a ser más efectivas, de ahí que mucha gente parece “hipnotizarse” ante material que provoque risa, siendo los contenidos más buscados y reproducidos de las redes, después de las noticias.

Otro aspecto a considerar es encontrar el equilibrio entre un contenido familiar para audiencia, en que se logre una identificación personal que lleve a la obtención de la emoción recién explicada, y que la presentación de esta información resulte original y distinta. En psicología esto lo relacionamos a la creatividad, de encontrar una estructura funcional diferente cuyo efecto inicial es llamar la atención para si resulta útil, mantenerse en el tiempo. Esta área era considerada principalmente en el arte o la publicidad, pero en la actualidad se ha masificado y valorado en muchos otros ámbitos donde la persuasión deba estar presente. 

Si a esto le agregamos la masificación exponencial con que se propaga la información, y ojalá que nuestros mismos conocidos nos recomienden ver un contenido al apretar “compartir”, es que del resto se encargará nuestra mente, explicado por un constructo que aún resulta controversial en su análisis: el funcionamiento de la “curiosidad”. Esta poderosa y algunas veces poco controlable motivación aumenta cuando las personas perciben una “pertenencia” virtual en una realidad fabricada en el ciber espacio, codificada en un lenguaje propio y valorada por una conciencia masiva. Por eso denominamos “amigos” en Facebook a quienes no lo son, o llamamos “seguidores” en twitter a sujetos que ni siquiera conocemos.  Es tan así que muchas personas publican constantemente sus contenidos con la legítima motivación de aumentar su autoeficacia y valoración personal, pero con la peligrosa ecuación de medir su utilidad y valía según la cantidad de aprobación de una “muchedumbre virtual” que como hemos visto, se rige por criterios valóricamente cuestionables amparados por el anonimato, la falta de empatía y un escaso control de impulsos producto de frustraciones personales o la necesidad de llamar la atención.

El gran desafío de las nuevas generaciones (y de quienes estamos en el presente) será equilibrar la energía, tiempo y motivaciones que invertirán entre el mundo real y este mundo virtual cada vez más presente en nuestras vidas, para que los virales más interesantes los encontremos en nuestra familia, amigos y el entorno que nos rodea.