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Osvaldo Bayer, gran historiador de la Patagonia 2ª parte; Juicio a Borrero

Por Marino Muñoz Aguero domingo 25 de febrero del 2018
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En 1928 apareció en Buenos Aires “La Patagonia Trágica” del español José María Borrero: “…se formó todo un halo de misterio: al poco tiempo desapareció de las librerías. Empezó a difundirse entonces la leyenda de que el libro había sido prohibido, o que los Braun Menéndez o los Menéndez Behety habían comprado toda la edición. Los pocos libros en circulación se pasaban de mano en mano, casi en secreto…” (Bayer, “La Patagonia Rebelde”, tomo I, pag. 9). Esto también habría pasado en Magallanes.

El libro nunca se publicó en Chile y sólo en años recientes (década de 2010) hemos visto en librerías algunas ediciones regionales, junto con ediciones argentinas de factura más elaborada.   

El autor, que ejercía la abogacía (no obstante, Bayer señala que no tenía el título), aborda el exterminio de las razas originarias de la Patagonia a manos de cazadores a sueldo de las compañías ganaderas y el rol que jugaron los salesianos en su defensa. También da cuenta de algunos negocios turbios de estas compañías, y toca someramente el tema de las huelgas de 1921 y 1922 y la responsabilidad que le habría cabido en ellas al empresariado, dirigiendo preferentemente sus dardos contra los Menéndez y los Braun.

Borrero nació en San Sebastián, Guipúzcoa, en 1879 y llegó en 1919 a Río Gallegos por asuntos profesionales al servicio de la colectividad hispana, siendo contratado de inmediato como apoderado general de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia (“La Anónima”) firma que en 1908 unió los capitales de José Menéndez y Mauricio Braun. En diciembre de 1920 es cesado en sus funciones por “su pública actuación en los movimientos obreros”. En efecto, paralelo a su actividad en “La Anónima”, Borrero era asesor de la Federación Obrera y en su periódico bi semanal “La Verdad” atacaba sin tregua al estamento patronal. Sin embargo, tanto “La Anónima”, como el Banco Anglo Sud Americano, tenían avisaje permanentemente contratado en la publicación, aun después de la desvinculación de Borrero de los Braun Menéndez.

Bayer le dedica el capítulo VIII del tercer tomo de “La Patagonia Rebelde” y, no obstante prologuista de las ediciones más recientes de “La Patagonia Trágica”, es durísimo; sostiene que fue él quien encendió la mecha de la tragedia patagónica, lo sindica como un agitador, un demagogo: “Sin temor a equivocarnos -y luego de haber investigado sus ires y venires- definiremos a José María Borrero como un resentido, un fracasado, un chapucero, un chambón, un frangollón, un charlatán. Pero todos estos adjetivos no nos ayudan a ser estrictos. Por eso tenemos que agregar esto: era brillante, seguro de sí mismo…”. Prosigue Bayer: “Y así es su libro, La Patagonia trágica: brillante, valiente, arrollador, pero anti histórico, mentiroso, falso. Es la gran denuncia, pero luego quiere regatearnos la verdad y llevar agua a su molino, al salvar de culpa y cargo a Varela y a Yrigoyen y hacer responsables de todo a sus enemigos personales” (“La Patagonia Rebelde”, tomo III, pag. 135) . Según Bayer, los nexos del español con la Federación Obrera se diluyen en la época de los fusilamientos, en la cual habría desaparecido de circulación, para luego resurgir como un fervoroso partidario del radicalismo, ello explica su actitud hacia Varela e Yrigoyen, culpando exclusivamente a los estancieros de las matanzas de obreros huelguistas. En 1928 se marcha al norte del país y muere en 1931 en Buenos Aires. Como si lo antedicho fuera poco, Bayer es pródigo en detalles nada gratos de la vida personal de Borrero.

El historiador se encarga de derribar dos mitos tejidos en torno al español; en primer lugar, el de la compra de la edición completa o los originales de “La Patagonia Trágica” por los Braun y Menéndez. Al respecto señala que, siendo la primera edición de 1928 de 10.000 ejemplares, por lo menos una parte de ésta fue bien distribuida en Buenos Aires y la Patagonia, y que no hay viejo poblador en el sur que no la tenga, y que si no se publicó una segunda edición, fue porque a la fecha de la muerte de Borrero, todavía se encontraba ejemplares de la primera en librerías. Bayer además, tuvo acceso a un acta notarial, en la cual consta la respuesta que un librero emisario de Borrero habría recibido de Alejandro Menéndez Behety, en cuanto a que éste no tenía interés en comprar los originales y no temía su publicación. El historiador da crédito a lo estampado por el librero en el acta.

El otro mito desvirtuado se relaciona con lo señalado en la última página de “La Patagonia Trágica”, donde se anuncia una segunda parte titulada “Orgía de sangre”, en la cual se abordarían “las horrorosas matanzas (de obreros) de 1921”. Esta segunda parte nunca se editó, he aquí una nueva leyenda: que a Borrero le robaron, quemaron o compraron los originales, que lo habían asesinado y otros infundios. Al respecto, Bayer cita al Juez Ismael Viñas, quien en el prólogo a la segunda edición del libro señala que la segunda parte no se publicó por pedido expreso del Presidente Yrigoyen a Borrero, evidentemente el político radical no quería reavivar el tema, aun cuando el texto lo exculpara. Debe agregarse que aparte de reconocido militante de la Unión Cívica Radical, el letrado fue amigo de Yrigoyen y de Borrero.

En el transcurso de este trabajo, dimos con una conferencia de Osvaldo Bayer, donde éste aclara que “para no entrar en discusiones”, decidió remplazar el nombre de su investigación inicialmente intitulada “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” por “La Patagonia Rebelde”, a raíz que un hijo de Borrero lo acusó de usurpar el título del libro de su padre (Revista “Impactos” Nº57, 04/06/1994).

En el próximo capítulo de esta serie, entregaremos nuestra visión de la obra de Borrero y nos  introduciremos en las causas del conflicto de los años veinte en la provincia de Santa Cruz, Argentina.