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Osvaldo Bayer, gran historiador de la Patagonia 4ª parte; Las huelgas de los años veinte, primera incursión del Teniente Varela.

Por Marino Muñoz Aguero domingo 11 de marzo del 2018
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El historiador argentino Osvaldo Bayer en “La Patagonia rebelde” trata la matanza de obreros rurales huelguistas en el entonces territorio de Santa Cruz, República Argentina.

Intentaremos (siguiendo a Bayer) dar cuenta resumida de los referidos sucesos. El contexto en que ellos acontecieron y nuestras conclusiones las dejaremos para la última parte de este trabajo.

A fines de 1920 en Río Gallegos y con la temporada de esquila prácticamente encima (faena gravitante en la ganadería ovina), los trabajadores rurales representados por la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Río Gallegos, adherida a la Fora (Federación Obrera de la República Argentina) y liderados por el español Antonio Soto Canalejo pedían mejores condiciones de trabajo al estamento patronal. Destinatarios de la demanda eran los estancieros agrupados en la Sociedad Rural de Río Gallegos, encabezados por Edelmiro Correa Falcón, un ex policía que era al mismo tiempo Gobernador del territorio y secretario-gerente de dicha sociedad. También jugarían un importante rol el Juez Letrado Ismael Viñas y el Comisario de Policía Diego Ritchie, quien posteriormente ejerció como gerente de la Sociedad Importadora y Exportadora de la Patagonia (“La Anónima” de las familias Menéndez y Braun). Otra figura relevante fue José María Borrero asesor de la Sociedad Obrera y apoderado de “La Anónima” (hasta diciembre de 1920).

Al no haber acuerdo entre las partes, los trabajadores decretaron la huelga general el 18 de noviembre de 1920, movimiento que se extendió a otras actividades productivas y de servicios, como también a otras localidades del territorio.

Correa Falcón en conocimiento que en el sector de Lago Argentino había cabecillas promoviendo el movimiento (Alfredo Fonte, el “Toscano” y José Aicardi, el “68”) envía al comisario Pedro Micheri a controlar la situación, quien se hace acompañar, entre otros, por el gendarme Jorge Pérez Millán Temperley, que adquirirá notoriedad más adelante. Paralelamente, los representantes de los estancieros en Buenos Aires solicitaban al gobierno de Hipólito Yrigoyen el envío de tropas armadas, las primeras llegaron el 30 de diciembre a Puerto Deseado: 60 marineros  al mando del teniente Jorge Godoy. También entraría en acción la Liga Patriótica Argentina, entidad a la que nos referiremos en su momento. Micheri en su incursión a Lago Argentino se da a la tarea de clausurar los negocios que abastecían a los trabajadores y reprime a algunos huelguistas en la estancia “Cerro Buenos Aires” de Gerónimo Stipicic, camino a Puerto Bandera, pasando también por “La Anita” y “El Campamento” de los Menéndez y el paraje Charles Fuhr, todo ello en las inmediaciones de El Calafate.

Enterado Micheri que en el “El Cerrito”, 91 kms. al sur-este de El Calafate (en ese entonces había un hotel y actualmente un puesto de Vialidad, en la conjunción de las rutas 5 y 40) merodea el grupo del “Toscano” y el “68”, se dirige en dos vehículos en pos de su captura, apoyado por el Comisario Ritchie que llega desde Río Gallegos. El 4 de enero de 1921, tras violentos enfrentamientos armados, se cuenta un saldo de cuatro muertos: dos policías, un obrero y el chofer de uno de los vehículos.

Fueron tomados rehenes policías y estancieros y hubo daños a la propiedad privada. Los violentos hechos calaron hondo en Río Gallegos y precipitaron la decisión gubernamental de enviar tropas. El contingente más grueso llegó el 4 de febrero: 150 hombres del Regimiento Nº10 de caballería “Húsares de Pueyrredón”, más 20 efectivos del Nº2 de la misma arma, todos bajo las órdenes del Teniente Coronel Héctor Benigno Varela.

El 29 de enero arribó a Río Gallegos el capitán Ángel Ignacio Iza, gobernador que reemplazó a Correa Falcón. La nueva autoridad promueve en conjunto con Varela el arreglo entre obreros y estancieros que, a fines de marzo pone término a la huelga.

El arreglo no satisfizo a nadie, la negociación no era la fórmula para dirimir los conflictos, era tal la animosidad que cualquier solución pasaba por el aplastamiento total del adversario y el clima de tensión aumentaba. La percepción era que la Sociedad Obrera había triunfado, abundaron las críticas a Varela por no haber neutralizado a los huelguistas en cuyo poder quedó una importante cantidad de armas. Estas críticas derivaron en un sumario al militar a su regreso a Buenos Aires.

El incumplimiento patronal del “Laudo Iza” fue el detonante para que el 28 de octubre se declarara la huelga general. El gobierno envía nuevamente al teniente Varela a la Patagonia, quien en esta oportunidad no vendrá a parlamentar, en esta vuelta ordenará descargar fuego contra los obreros.

En el próximo capítulo abordaremos los entretelones de la segunda misión de Varela.