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Osvaldo Bayer, gran historiador de la Patagonia 5ª parte; Las huelgas de los años veinte, segunda incursión del Teniente Varela.

Por Marino Muñoz Aguero domingo 18 de marzo del 2018
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El teniente de caballería Héctor Benigno Varela fue el represor de  los obreros de Santa Cruz. Llegó a la Patagonia por primera vez enviado por el gobierno argentino el 4 de febrero de 1921. Gracias a su gestión mediadora, la primera huelga se depuso a fines de marzo de ese año, sin embargo, el conflicto siguió latente y el 28 de octubre hay nueva declaración de paro general. En el intertanto siguieron las escaramuzas entre obreros, patrones y policías, en algunos casos con resultados de muertes. Los trabajadores se apropian de algunas estancias, y dueños y administradores son tomados rehenes. Mientras José Borrero en sus artículos periodísticos defendía fervientemente a los trabajadores, entre éstos había diferencia, ante ello, el líder Antonio Soto Canalejo había presentado su renuncia a la Sociedad Obrera, pero le es rechazada, fue un triunfo para él. A partir de aquello, Soto y otros cabecillas del movimiento recorrieron las estancias ganaderas buscando la adhesión de la peonada.

Los estancieros hacen su propia campaña con Edelmiro Correa Falcón, secretario de la Sociedad Rural de Río Gallegos a la cabeza, para ello se sirven de la prensa afín y de sus representantes en Buenos Aires; Mauricio Braun y Alejandro Menéndez Behety, quienes transmiten a las altas esferas del poder las prerrogativas de su gremio

Antes de su primer viaje, el Presidente radical Hipólito Yrigoyen le dio personalmente las instrucciones a Varela: “Vaya Teniente Coronel. Vea bien lo que ocurre y cumpla con su deber”. Previo al segundo viaje, el militar intentó hablar con el Mandatario, pero éste no lo atendió. Varela nuevamente salió desde Buenos Aires con su tropa del “10” de caballería, “Húsares de Pueyrredón”; arribó a Punta Loyola, Río Gallegos el 9 de noviembre de 1921.

Sigamos entonces a Bayer en el relato de los acontecimientos. El militar dividió su tropa en columnas que copaban los distintos sectores del territorio en conflicto, una de estas salió el 16 de noviembre con él a la cabeza, desde Río Gallegos por la actual ruta 40 (que bordea el límite con Chile en esta sección) hacia las Estancias “Bella Vista”,“Esperanza Douglas” (actual “Sofía”), “Punta Alta”, “Rospenteck”. A la altura de ésta última, es decir, del paso “Casas Viejas” ingresan a Chile, transitando por nuestro país hasta Cerro Castillo y reingresando por este punto a Argentina (“Cancha Carrera”) para seguir rumbo a las estancias “Fuentes del Coyle” y “Laguna Salada”.

Mencionamos el detalle de este hecho por dos razones: el primer lugar, porque da cuenta que el ejército argentino transitó más de 80 kilómetros por territorio chileno, evidentemente con la complicidad de nuestras autoridades.

En segundo término, porque en esta incursión se producen los primeros fusilamientos de la misión Varela; en la Estancia “Punta Alta” (actual “Santa Ana”) fueron ultimados cinco trabajadores. Este establecimiento se encuentra ubicado a no más de 30 kilómetros al sur-este de “Río Turbio”, era propiedad de Hamilton y Saunders.

Esa fue la tónica de la segunda “Misión Varela”, que sorprendió a los obreros, en tanto, estaban convencidos que el militar vendría nuevamente a aquietar los ánimos, esta vez la consigna fue “rendición incondicional o fusilamiento”. Las ejecuciones se sucedieron, las más numerosas en las estancias “La Anita” de la familia Menéndez ( a 18 kms. de “El Calafate”) y “Fuentes del Coyle”, antigua sección de la Estancia “Cerro Castillo” chilena y distante a 40 kms. de ésta, ambas propiedad de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego en esos años.

La campaña militar dejó un saldo de 1500 obreros fusilados (Bayer, “La Patagonia Rebelde”, tomo I, contratapa), según el mismo autor: “Lo que es absolutamente falso es que se haya asesinado a algún estanciero o alto empleado o peón que se haya negado a unirse a los huelguistas. No hay ninguna denuncia, informe o parte que así́ lo establezca”. “Lo que se refiere a la violación de mujeres es más difícil de demostrar. No existe ninguna denuncia hasta el momento en que llegan las tropas. Pero siempre, en estos casos, se sostiene que las interesadas no radicaban las denuncias por pudor. Pero tampoco hay testimonios de terceros. Más tarde —al final de la huelga— ocurrirá́ un caso en que no habrá́ denuncia pero sí testimonios y los dos autores serán fusilados” (Bayer, “La Patagonia Rebelde”, e-book, pags. 340 y 341).

El movimiento fue virtualmente aplastado, su líder Antonio Soto y un grupo de trabajadores, huyó hacia Chile cruzando la frontera el 9 de diciembre, llegando a Puerto Natales el día 14. Soto se marchó una vez agotadas las posibilidades de mediar con los militares o enfrentarlos, antes de la masacre de “La Anita”. Los militares exigían la rendición de los obreros como única salida, “El Gallego” prefirió la huida a la rendición.

Como broche de oro, los homenajes de los estancieros a Varela se sucedieron en diversas localidades. En el banquete de Río Gallegos, los súbditos británicos presentes entonaron “For he is a jolly good fellow” (“..es un buen compañero”). En Puerto Deseado los estancieros Esteban Martinovic y Pedro Fasioli, se negaron a concurrir al homenaje y en San Julián, un grupo de prostitutas se enfrentaron a Varela y sus soldados, episodio al que dedicaremos un capítulo especial.

Bayer, al momento de las responsabilidades es tajante: “Los responsables fueron los gobernantes, pero no por eso podemos justificar a Varela”. “¿Conclusiones? No puede haber conclusiones, salvo mirar cada vez más azorados la ecuanimidad de Dios. Esa ecuanimidad que premia a los fuertes y prescinde de los débiles”. (Bayer, “La Patagonia Rebelde”, e-book, pags. 958 y 959)

El próximo domingo expondremos las opiniones del historiador magallánico Mateo Martinic en relación a los sucesos y a la obra de Bayer.