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Otra Iglesia es posible

Por Marcos Buvinic domingo 13 de enero del 2019

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En medio de las dolorosas y complejas situaciones que hemos vivido como Iglesia Católica en los últimos años, y especialmente en el año pasado, se abre un horizonte nuevo en la convicción esperanzada de que otra Iglesia es posible. Esa es la convicción que anima la fe de los cristianos que se reunieron el fin de semana pasado en Santiago, en el primer encuentro sinodal de laicos de Chile.

Se trata de una experiencia inédita, pues se reunieron unos trescientos cincuenta laicos y laicas de todo el país -más algunas religiosas y algunos sacerdotes- para juntos reflexionar, orar y comprometerse a trabajar en la reconstrucción de nuestra Iglesia devastada por lo que mismo Papa llamó “una cultura del abuso y del encubrimiento”; es decir, por actos abusivos de todo tipo de poder y sus delitos correspondientes, así como por omisiones de complicidad.      

Sínodo es una palabra que quiere decir “caminando juntos”, y eso es el proceso que se ha iniciado: ir caminando juntos en la renovación de la Iglesia, asumiendo las heridas de todo lo vivido, haciendo el aprendizaje de cuáles son las orientaciones, las actitudes y los estilos de relaciones que no tienen lugar en la Iglesia del Señor Jesús, que la destruyen y anulan la credibilidad en la misión. Caminar juntos haciendo el aprendizaje de lo vivido y -en la medida que vamos dando pasos- renovándonos en la convicción de que otro modo de ser Iglesia es posible, y que ya está naciendo entre nosotros. Por eso, la experiencia de este encuentro sinodal fue de diálogo esperanzado, de alegría recuperada y de compromiso de trabajo hacia un futuro renovado.

Así, en medio de la crisis de un modo de ser Iglesia que ha fracasado, porque terminó en la negación del Evangelio a través de la cultura del abuso y del encubrimiento, este encuentro sinodal se renovó en el llamado a ser una Iglesia de comunidades de base de una fe viva; una Iglesia orante, profética y liberadora; inserta en la sociedad como servidora de la gente; una Iglesia participativa, inclusiva -como inclusivo es el Reino de Dios-, con un real protagonismo de todos en la toma de decisiones.

No se trata de una tarea fácil, pues hay que remover obstáculos muy poderosos, como es el clericalismo y la estructura de poder en el Iglesia, así como los modos abusivos en que se ha ejercido la autoridad; así mismo, no es fácil remover los obstáculos de una cultura machista para que las mujeres participen -de verdad- en las decisiones y en instancias de responsabilidad eclesial. No es tarea fácil erradicar las inercias propias de una cultura del abuso y de su encubrimiento en una comunidad que se pervirtió en su misión, e ir dando pasos de justicia, de reparación y sanación de tantos dolores.

¿De dónde sacar fuerzas para enfrentar tan poderosos obstáculos y vencer inercias tan fuertemente instaladas? El camino sinodal, el camino que en la Iglesia tenemos que aprender a hacer juntos es ir a las raíces, al único fundamento que es el Señor Jesús y su Evangelio, de manera que la viva adhesión a El esté al centro de todo, y que esa adhesión de fe sea la que vaya modelando otro modo de ser Iglesia, una comunidad de discípulos y discípulas que es testimonio de la Buena Noticia de Dios. Así, podremos ir siendo testigos de que -como dice la carta del apóstol Juan- “la victoria que vence al mundo es nuestra fe”.

Hay que ir haciendo el camino y esperamos que las próximas etapas de este camino sinodal también se puedan realizar entre los laicos y laicas de nuestra Iglesia en Magallanes, porque -ciertamente- la voluntad del Señor es que otro modo de ser Iglesia se verifique entre nosotros.

Como lo señaló el Papa Francisco dijo en su carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, en mayo del año pasado: “Exhorto a todo el santo pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado”.