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Otra vez los niños

Por Carlos Contreras martes 12 de junio del 2018
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Siempre que se instala un nuevo gobierno se generan legítimas esperanzas que algunas cuestiones o asuntos públicos que están mal, han sido manejados o desarrollados deficientemente, puedan enmendarse, corregirse o subsanarse. Lo complejo es que dichos temas son el fundamento, el contenido de las campañas, que generalmente permiten atacar al contendor, disminuir su adhesión enrostrándole sus errores y ganar algunos puntos en la carrera a la primera magistratura, razón por la cual se estima, con razón, que al asumir el gobierno las soluciones deben ejecutarse con prontitud y eficiencia.

Lamentablemente la realidad nos demuestra que las promesas no siempre están afirmadas por las acciones.

En efecto, a pesar que, la situación de los niños es prioridad para el nuevo gobierno; que se ha designado directora nacional del Servicio Nacional de Menores a doña Susana Tonda Mitri, profesional que tiene un amplia trayectoria en su especialidad referida a instituciones que trabajan con los sectores más vulnerables del país: niños, niñas, adolescentes y personas en situación de calle y abandono; que se generó una mesa de trabajo por un gran acuerdo por la infancia que entregó al Presidente de la República 954 propuestas a desarrollar en esta importante área, nos encontramos con que el presupuesto del Sename se había reducido, aumentándose o reponiéndose una vez que se socializó la noticia y que la muerte de un carabinero a manos de un adolescente de 17 años ha generado la decisión de modificar la Ley Penal Adolescente.

Lo cierto es que mientras se siga pensando que la tarea se cumple sólo con más dinero o con modificaciones legales apresuradas y determinadas por la pena, tristeza o impotencia, no estamos avanzando mucho en lo que corresponde.

La realidad nos muestra que, en general, las personas desvalidas son invisibles para los ciudadanos, invisibles en la calle, invisibles cuando tocan la puerta e invisibles cuando se trata de ocupar tiempo en saber de ellas, de su situación, de las razones de la misma, de sus pesares y carencias, pues ello no es nuestro problema.

Los niños y niñas, así como los más desvalidos sólo adquieren notoriedad, dejan de ser invisibles, cuando alguien quiere dar cuenta de algún grado de sensibilidad por temas sociales o cuando participan de hechos delictuales. En el primer caso porque, aunque nada hagamos al respecto, ello nos recuerda que tenemos sentimientos al conmovernos con su situación, aunque sea por un segundo; en el segundo caso porque nos afectan en algo que la sociedad hoy valora más que la libertad: la seguridad, y ello implica entregar mucho para su concreción, incluso la libertad misma.

La culpa no es del gobierno, la culpa es de la sociedad toda, especialmente de los que piden condenas sin constatar que nosotros hemos colocado a la niñez en la posición que hoy ocupa. El lector se preguntará, ¿cómo podemos superar esto?, yo creo que un buen comienzo consiste en abrir los ojos y ver la realidad, la pobreza, los desvalídos y aquellos niñas y niños que en su soledad y desamparo acumulan, resentimiento, indignación y van perdiendo la escasa humanidad que le da su inocencia.